Hace exactamente 10 años, en la época en que dejé de escribir en este blog, Marvel Studios estaba en camino para dominarlo todo.
Como si fuese el Anillo Único, comenzó a crear películas para gobernarlos a todos, atraerlos y atarlos a su Cajita Feliz cinematográfica. Y en ese proceso, la saga comandada por Kevin Feige se volvió omnipresente y terminó transformando su teleserie sin fin en la franquicia definitiva de la cultura pop.
De hecho, el estudio alcanzó el máximo clímax de su historia con el estreno de Avengers: Endgame, una película que actualmente al tope de la lista de recaudación mundial en la historia del cine (sin considerar la inflación, obviamente). Más importante todavía, cerró la Saga del Infinito e hizo llorar a moco tendido a millones de personas con el desenlace de la historia de Tony Stark.
Sin embargo, ese éxito máximo terminó convirtiéndose en lo peor que le pudo pasar a Marvel. Claro, justo después de Endgame llegó la pandemia y películas tan insulsas como Black Widow se vieron completamente afectadas en su lanzamiento. A partir de ahí, la fábrica del MCU comenzó a temblar y, para no pocos, la maquinaria terminó arruinándose con una sucesión de series que no importaban demasiado y películas que le quitaron su escudo de invencibilidad.
Aún así, igualmente el MCU lograba aferrarse a su precioso. En todo ese camino encontraron un éxito económico inusitado con las películas de Spider-Man, teniendo además algo de tacto para presentar obras bien dirigidas, como Doctor Strange in the Multiverse of Madness, y otras que al menos contaban con una actitud por sobre la media, como Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings.
Pero, en general, las salchichas uniformes del estudio terminaron perdiendo aquello que alguna vez las hizo especiales, convirtiéndose en productos cada vez más intercambiables, incapaces de generar el entusiasmo que antes parecía garantizado con solo llevar el logo de Marvel Studios.

En ese escenario, ahora nos encontramos en una Fase 6 de la Saga del Multiverso en la que ya a nadie parece importarle demasiado lo que hace Marvel Studios. Series como VisionQuest, pese a ser correctas, pasan prácticamente desapercibidas, en medio de una actitud generalizada de «si te he visto, no me acuerdo» que contrasta con los tiempos en que cada nuevo estreno parecía convertirse en un acontecimiento.
Ese desgaste también se refleja en los resultados del estudio, que no hace mucho se encontró con su primer gran fracaso económico en cines, The Marvels, y posteriormente presentó películas que dejaron bastante que desear, con al menos una de ellas instalada entre lo peor que ha hecho en toda su historia (Sí, es Captain America: Brave New World).
Ante ese panorama, Marvel Studios volvió a poner toda la carne a la parrilla para intentar revertir el rumbo. En el camino, se vio favorecido por el gigantesco éxito de Spider-Man: Brand New Day, aunque siempre es bueno recordar que la mayor parte de la tajada económica se la lleva Sony. Además, la propia construcción narrativa de esa película parece estar más pensada para el futuro que llegará después del reinicio que supondrán las próximas dos películas de Los Vengadores.
Y claro, cualquier persona con algo de conocimiento comiquero puede anticipar cómo terminará Avengers: Doomsday. Y no solo por lo que ocurrió en los cómics de Jonathan Hickman, cuando decidieron crear un apocalipsis multiversal que dejó al Doctor Doom convertido en un Dios Emperador que se adueñó del tablero (¡lean esa joya que es Secret Wars!), sino también por el propio esquema que Marvel Studios viene construyendo desde hace años.

Basta considerar que el estudio parece haber sacado las peores conclusiones posibles del éxito de los choques multiversales de Spider-Man: No Way Home y Deadpool & Wolverine. Por eso, para Doomsday tiene preparado un gigantesco charquicán que mezclará a los viejos mutantes de Fox, que finalmente podrán despedirse, con los Temu-Vengadores que quedaron después de Endgame.
Y en ese camino agregará a Los Cuatro Fantásticos, que no fueron tan exitosos como el estudio hubiese deseado, junto a lo que construyeron con Loki y, probablemente, la aparición de algunos de los más grandes íconos del antiguo Marvel: el Spider-Man de Tobey Maguire y el Wolverine de Hugh Jackman. Todo eso también podría estar acompañado de otros cameos destinados a generar gritos y secuencias fabricadas para que la gente saque fotos como si estuviese preprogramada dentro de las salas de cine.
Por supuesto, ante el desgaste general de la franquicia, recurrirán al truco sucio de recuperar al Capitán América de Chris Evans, arriesgando arruinar el cierre perfecto que le habían dado en Endgame. Además, le otorgarán más protagonismo al Thor de Chris Hemsworth y mantendrán en primera línea a los viejos Vengadores mediante la treta de presentar a Robert Downey Jr. como Doctor Doom. Y sí, me la voy a cortar cuando otro personaje vea su cara finalmente y diga con una expresión estúpida: «¡¿Tony?!».
Lo predecible es, precisamente, el gran factor en contra de buena parte de lo que puedan construir con Doomsday. Porque el final parece estar claro de antemano, y hasta resulta casi inevitable, que su desenlace replique la estructura de Avengers: Infinity War. Claro que con una victoria todavía más aplastante para el villano.
O sea, el gran spoiler aquí -y esto ni siquiera viene de una filtración- es que en Doomsday todo quedará en contra de los héroes para preparar el cambio temporal que representará Avengers: Secret Wars. Sí, van a presentar un mundo sin el multiverso tal como lo conocemos, muy distinto, pero también lo suficientemente familiar como para que la gente celebre la aparición de rostros conocidos en nuevos roles. Ahí podrían aparecer los Thor Corps, todos los Hulks posibles, algún Spidey, personajes ya olvidados y todo lo que quieran construir alrededor de un nuevo mundo feliz gobernado por Doom.
Ahora, si hubiese que apostar, de seguro pondría mis fichas en que Marvel Studios conseguirá su objetivo, logrará instalar esas dos películas de Los Vengadores entre las diez más taquilleras de la historia y el público general terminará abrazándolas como los productos definitivos del cine comercial, construidos no solo alrededor de la nostalgia reciente por todo lo que ha conducido Kevin Feige, sino que también lo que se viene haciendo desde que un caminante de día arrasó con vampiros y un tipo preguntó: ¿Qué esperabas, spándex amarillo?
Y ahí está precisamente la trampa de la nostalgia: Marvel Studios puede volver a conquistar la taquilla recurriendo a todo aquello que hizo grande a su universo cinematográfico, pero ese mismo éxito podría terminar reforzando la fórmula que lo llevó al estancamiento.

No me interesa todo lo previsible que puedan hacer. Tanto la historia que probablemente desarrollarán como el éxito que seguramente conseguirán con las próximas Vengadores me parecen parte de la crónica de una felación anunciada, con un estudio dispuesto a satisfacer hasta el último capricho nostálgico de un público listo y dispuesto a subirse a ese carro de la victoria.
Pero por eso mismo la gran interrogante está realmente en lo que vendrá después del trámite lucrativo de Secret Wars, ya que a partir de ese momento inevitablemente estarán obligados a dar vuelta la página, dejar atrás al viejo MCU y buscar la forma de construir uno nuevo para explotarlo durante los próximos 20 años. Todo eso con una nueva versión de los X-Men a la cabeza de un universo que seguramente mantendrá algunas piezas, porque difícilmente soltarán al Peter Parker de Tom Holland, pero que inevitablemente tendrá que concretar un borrón y cuenta nueva mucho más profundo.
¿Estará dispuesta a aceptar ese cambio la gente que siempre quiere ver lo mismo y que pone el grito en el cielo cuando la salchicha tiene un sabor diferente?
La respuesta representa, sin duda, el gran desafío que tiene Kevin Feige como titiritero de toda esta maquinaria, especialmente porque los trucos que ha sacado de la manga durante los últimos cinco años, en general, no han dado resultado. Y un éxito descomunal de Los Vengadores podría también delimitar el negocio, pues Disney no querrá alejarse del dinero seguro.
Y es que la verdadera prueba para Marvel Studios comenzará cuando se apaguen las luces de la fiesta nostálgica de Doomsday y Secret Wars, y el estudio tenga que convencer al público de enamorarse de nuevos personajes, nuevas historias y un universo que ya no podrá sostenerse eternamente en los recuerdos de Endgame.
Pero si después de tanto apocalipsis multiversal la única solución sigue siendo apelar a la nostalgia en vez de crear algo nuevo, entonces el gran problema de Marvel no será encontrar la forma de reiniciar su universo, sino convencer a sus espectadores de que vale la pena abrir sus billeteras sin necesidad de seguir metiendo durante décadas y décadas a Robert Downey Jr. dentro de una armadura hasta que termine, arrugado y todo cagado, haciendo pichí en polvo.