Es indudable que la espera terminó. Uno de los cómics más anticipados del último tiempo, MORTIS: Eterno Retorno, ha llegado a librerías. Una novela gráfica de 128 páginas fruto de la magnífica alianza entre el arte de Ítalo Ahumada, sobresaliente, y Miguel Ferrada, en la que claramente ha sido la obra de su vida. Un volumen que se hace cargo de un tremendo desafío: reintroducir una continuidad de más de 170 números publicados entre los años ’60 y ’70, darles un sustento adecuado casi cuarenta años después, y hacer todo lo anterior atractivo para nuevos lectores. ¿Lo han conseguido? Repasemos.

Existe un rasgo que es lo más atractivo de Mortis, Eterno Retorno, y que a su vez puede ser su mayor debilidad: el caracter existencialista del mismo. No hay esperanza alguna en Mortis. Pocas veces estamos en presencia de un cómic más deslavado de toda luz, pues se presenta como el crepúsculo de otra era, la clásica, la de la serie del Siniestro Doctor que tanta fanaticada generó en su momento. Pero al mismo tienpo, su sentido de la tragedia es tal que adquiere ribetes de clásico instantáneo. La figura de Mortis deja definitivamente de ser un villano de matiné para convertise en una entidad arcana y superior. Ya no temerás a Mortis por su el sonido de su risotada villanesca, sino por el opresivo silencio de su mirada implacable. Es claramente, uno de los finales más impactantes de la narrativa gráfica nacional, y exhuda épica por los cuatro costados. Si esto no te motiva a engancharte a más lecturas del personaje, a reconstruir su mitología, difícil que otra cosa lo haga.

Habrá quienes se confundan ante el cóctel de hechicería arcana, aparente satanismo y ciencia ficción forense que ofrece una historia como Eterno Retorno. Sin embargo, es una visión muy simplista de la misma. En primer lugar, la mecla de géneros es tributaria de la vertiente más clásica y por ello es parte de la esencia del personaje. Mortis es la muerte, una entidad abstracta, pero también es Doctor, un científico. Las artes arcanas son la única verificación posible para este maridaje de visiones del mundo.  Mortis es un cóctel de estudios prohibido a ambos lados de la moral humana. Mortis no es Satán, pero tampoco es un sirviente del mismo o una entidad paralela. Ferrada aventura un razonamiento anclado en su profundo conocimiento de la mitología de Mortis que puede bastar para comprender su alcance y estará en cada lector entenderlo como tal.

Arte de Ítalo Ahumada, Arcano IV Productora

Ítalo Ahumada es un hombre de pocas palabras. Prefiere expresarse a través de su arte, y su trazo es genuinamente expresivo. Es un dibujante parco, impresionista, directo pero que presenta mucha más riqueza de la que salta a simple vista. Se le puede acusar de apego al storyboard, pero es el costo de elegir esta representación tan cercana a la realidad, y por sobretodo a la seriedad. Ahumada no es un dibujante que trate con la risa, como Adam Hughes o Cho. Lo suyo es clasicismo puro apuntalado con un maestrísimo uso de claroscuros. Sus trazos corren sobre el papel dando forma a las memorias que remiten a las palabras y no se necesita mucho más para asimilar la emoción, el vértigo, el peligro. ¿Qué le falta para ser un Alex Ross? Romper el gutter, aunque todo en Mortis parece ser estudiadamente contenido.

Habría que ver a Ahumada en un relato de grandes escenas y descripciones “en widescreen“. Aún así, esto no desmerece su trabajo. La opción del blanco y negro y la contención pesimista que trasunta todo el relato le viene como anillo al dedo y es claro que es el mejor trabajo de toda su carrera. Los rostros masculinos son su gran fuerte, especialmente en las posibilidades que un rostro huraño puede ofrecer, asi como la belleza clásica de sus mujeres, que en momentos homenajea al gran Alex Raymond, merece lucirse en grandes planchas. Pero insisto, Ahumada está perfecto en el tono, en la narrativa, y casi en la secuencia. Con mucho, no parece haber sido opción de Ferrada callar en muchos pasajes de la novela: la capacidad de Ítalo de echarse la acción al hombro sólo con sus ilustraciones es más que suficiente.

Un aspecto adestacar para quienes quieran aprender de la teoría del cómic es el manejo significante que Ferrada y Ahumada dan a la construcción de página. Lo que a primera vista es una distribución bastante homogénea y tradicional de las viñetas, da paso a una cuidada estructuración de las escenas y los tiempos, casi como en un guión audiovisual. Nótese que cada pie de página es una pausa en el relato, con lo que cada unidad narrativa es, a la vez, temática. Cada página es una escena, si aún no lo pillan. Aunque esta misma opción le resta continuidad a la narrativa, con lo que algún lector con menos oficio puede caer en el tedio. También conspiran hacia ello la documentada y contundente información adicional que construye el universo de Mortis.Todos estos son aspectos que requieren de concentración de parte del lector. No se trata de una serie más donde antes del título te dejan caer una revelación que engancha, sino que el texto va develando pistas de un plan mayor. Un plan que brota desde la continuidad para instalarse, con fuerza, en el presente. MORTIS Eterno Retorno es, para bien y para mal, un parto.

Mortis, Eterno Retorno. Arte de I. Ahumada, Arcano IV Productora.

El guión de Ferrada es exhaustivo, documentado y absoluto. Probablemente no podía ser de otra forma. A la hora de homanajear a un mito de la industria, retomar su tradición editorial, y además ponerla a punto para nuevos lectores, la tarea asomaba complicada. En este aspecto, Ferrada surge victorioso, aunque no porque haya sido una tarea fácil. La estructura remite a piezas de teatro clásico, con una introducción y un desarrollo en tres actos, y este método aristotélico lo emparenta con la tradición más moderna de las miniseries de cuatro episodios. En cada uno de estos subrelatos, el guionista se nutre de una fuente diferente y construye, para cada cual, la estructura de un relato clásico de horror. Hay en uno fuentes del cine de John Carpenter (The Thing) y Ridley Scott (Alien), en la amenaza invisible que espanta y conquista el espíritu humano con funestas consecuencias. Hay otro relato en la mejor tradición del horror comiquero fundamental, como son los pequeños relatos de traición, venganza y muerte de la EC Comics, que conecta con la serie clásica del Siniestro Doctor Mortis. Hay un horror mucho más existencialista en el interludio central, donde se instala la desesperanza y el sinsentido en que campea el Mal, y por último se proyecta en el suspense de la cuenta regresiva, que desencadena la serie de acontecimientos hasta el opresivo y épico final. Decisiones estudiadas y concientes en un relato que debía ser puente entre dos generaciones de lectores que manejan una muy diferente noción de lo que es suspensión de la realidad. Para los primeros, los clásicos, una multitud de guiños importantes a la continuidad, una fundamentación acabada de todo aquello y una promesa de futuro espelendor que no defraude. Para la nueva generación, una historia de origen atractiva, que se saca todos los lastres y que, esencialmente, demuestra que la amenaza que ponía la piel de gallina a los abuelos, y que hoy causa risa en su malevolencia, ha regresado de forma contundente y terrible. En el Eterno Retorno, ciertamente, no está Mortis, pero claramente su influencia lo domina todo. ¿Alguien podrá, después de presenciar el atendible, pero eficiente final que Ferrada propone, no estar interesado en la encarnación de Mortis en pleno siglo XXI?

En los años sesenta, al explotar la revolución de los medios de comunicación, las experiencias emocionales humanas estaban integradas en el acceso directo: podías verlo todo, oírlo todo, sentirlo todo. Mortis se instaló en el inconciente desde el radioteatro, y desde ahí las imágenes de horror y muerte se instalaron en el cómic. Casi medio siglo después, en que el efecto de los medios sobre los sentidos es de sobresaturación, los efectos no son los mismos. Es misión de esta novela gráfica, entonces, dar una puesta a punto al personaje a través de un giro en el paradigma: lo que horroriza hoy es la ausencia-omnipresencia de Mortis. El personaje nunca está, actúa a través de terceros, su influencia es la que protagoniza el relato. Así se construyó desde las precuelas (In Absentia Mortis), y así se consolida en la novela gráfica. Mortis nunca ha sido más absoluto que ahora, nunca ha sido más poderoso, nunca había obtenido un triunfo más absoluto, que hasta ahora. Y, sin embrago, puede que aquí esté su mayor debilidad: al volver a encarnar, queda la incertidumbre de hasta dónde alcanzan sus posibilidades. Un terror silente, que ahora puede hablar, necesariamente habrá de cambiar. Y la responsabilidad de transformar un mito en materia de interés actual se convierte en la responsabilidad de estar a la altura de la promesa. Los autores que vengan a esta franquicia tienen una dura tarea.

De todos los grandes mitos del cómic chileno, sólo Mortis ha logrado vencer al olvido. Esta novela es la prueba. ¿Podrá permanecer?

Arte de Claudio Romo, Arcano IV Productora


5 thoughts

    1. Hay que estar atento a las librerías tradicionales, pero lo mejor es conectarse a retorno.mortis.cl y seguir sus updates. Por lo que nos han dicho, nadie escapa de MORTIS.

  1. Buena reseña. Me entusiasmaste con la historia y el arte se ve bastante bien. A estar atentos entonces, si es que llega por estos lados.

Los comentarios están cerrados.