La base de la historia de No te preocupes cariño (Don’t Worry Darling), la nueva película dirigida por Olivia Wilde, es interesante. Asimismo, el diseño de producción es de primer nivel, cuenta con secuencias diseñadas de forma bastante creativa y sin duda Florence Pugh se echa todo al hombro con su actuación. Sin embargo, existe un lastre creativo no menor: el guión y sus resoluciones son muy convencionales.

Más allá de lo pertinente de su revisión sobre la opresión patriarcal, lo que termina siendo el tema clave de su historia, el armado de este thriller rememora a múltiples historias que desde el comienzo establecen que algo inusual o simplemente confabulatorio se teje en el mundo que ponen en pantalla. Y el problema es que no hay mayor innovación o sorpresa en este cuento en particular.

Específicamente, en No te preocupes cariño somos transportados de sopetón a una comunidad idílica llamada Victory. En ese lugar situado en medio del desierto, en donde todo luce como parte de la década de los cincuentas, conocemos a Alice (Florence Pugh) y Jack (un correcto Harry Styles), una pareja que vive sus días amándose en una rutina de comodidades. Algo que solo es posible por un proyecto secreto del que los hombres no pueden ni deben hablar.

En ese entorno, las mujeres se dedican a las labores hogareñas, disfrutar de los lujos que entrega la empresa, ser parte de lecciones de baile y recibir el placer, aunque todo eso se lleva a cabo bajo la ilusión de ser parte importante del soporte que requieren los hombres para sus obligaciones laborales con Victory. Las mismas que requieren de absoluta reserva y un compromiso incondicional.

En el caso particular de Alice, todo comienza preparando un desayuno de huevos con tocino, despedir a Jack con un beso, limpiar, pasear con sus amigas, beber tragos de cóctel y volver para preparar la cena. Un ciclo sin fin en dónde no hay espacio para la depresión, la amargura o el desencanto. Todo es casi perfecto.

Pero en esa vida idílica comienzan a surgir las grietas, Alice nota cosas raras luego de que una amiga comienza a comportarse de forma extraña y, consecuentemente, sufre visiones que chocan con la fachada de vida perfecta que enmarca a todo Victory.

Por eso surge el cuestionamiento sobre qué hay detrás de la empresa, de la que solo saben que se dedica a “desarrollar materiales progresivos”, y también sobre su enigmático fundador (Chris Pine), quien constantemente está agradeciendo a todos por su dedicación, trabajo y esfuerzo. Es justamente todo aquello lo que provoca que paso a paso sea claro que esa comunidad paradisíaca oculta algo en sus cimientos.

Redoble de tambores, el resto profundiza en un enigma que realmente no es tan enigmático como Wilde y compañía intentan establecer. De ahí que inevitablemente salen a colación películas como The Stepford Wives, que directamente habla de cómo mundos perfectos son creados a partir de la opresión sobre las mujeres, pero también es ineludible el rememorar a todas las propuestas que instauran mundos construidos sobre una conspiración, ya sean porque la propia comunidad oculta algo o porque el mundo en si no es tal.

Aunque No te preocupes cariño no rememora directamente a alguna película en particular, más allá de algunas similitudes, el desarrollo de su historia tiene varios lugares comunes y eso provoca que en varias ocasiones se sienta el lastre de lo convencional o, peor aún, salgan a la luz las debilidades de la historia o la incapacidad de Wilde para sortearlas a puro pulso narrativo.

Finalmente, sin entrar en detalles de las resoluciones, el cierre de la historia es predecible desde el primer minuto, dejando en claro que a pesar de que No te preocupes cariño es ambiciosa, y es presentada de una forma grandilocuente en términos cinematográficos, en última instancia se vuelve una experiencia frustrante debido a que no logra levantarse más allá de lo bonito que todo luce, especialmente sus actores.

Quizás por eso sea apropiado que su ruido solo venga de polémicas que nada tienen que ver con la propia película.

Publicada en Mouse.

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