Inevitablemente la propuesta de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder, la nueva serie de Amazon Prime Video, está marcada por la sombra que ejercen dos autores.

Por un lado obviamente está J.R.R. Tolkien, creador de los libros que inspiran a esta historia que se basa en los apéndices y aquellos elementos de la trilogía de novelas que hablan de la Segunda Edad del Sol. Por el otro lado está Peter Jackson, el director que encabezó las adaptaciones cinematográficas que definieron para siempre cómo debe lucir la Tierra Media en un entorno audiovisual.

En lo primero, que concierne a la historia de fantasía literaria más influyente, la gran duda estaba marcada por la imposibilidad de los realizadores de la serie para adaptar libros como El Silmarillion que, pese a ser una colección de escritos sueltos, profundizan justamente en los tiempos en que Saurón comenzó su primer régimen de terror. Ante esa situación, la decisión de los creadores de esta adaptación para la pantalla chica se siente bastante acertada, ya que buscan crear una historia original, pero que respeta la base del canon de El Señor de los Anillos.

Se trata así de una jugada que condensa sucesos históricos en un período de tiempo más acotado, para presentar diversas aristas que inevitablemente tendrán que lidiar con la caída de un legendario reino de los hombres, la creación de la instauración de refugios como Rivendel, Gondor y la última alianza a los pies del Monte del Destino. Claro, si todo esto termina teniendo todas las temporadas que planean concretar.

Con los dos primeros episodios presentados a la prensa, también queda claro que existe buen potencial para desarrollar una épica historia, y jugar con misterios que no están apegados a lo que definen los textos del legendarium cuyos derechos están fuera del alcance de esta adaptación, aunque sí es necesario notar que inicialmente todo se siente extremadamente introductorio.

Al mismo tiempo, la historia, al no depender de un texto único, se siente con una fluidez menor a lo que consiguió el trío de escritores de las películas, que incluyó a Jackson, su esposa Fran Walsh y Philippa Boyens. Pero de todas formas el flujo presente en esta ocasión es propio de lo que se puede esperar de una realización episódica para la pantalla chica y, mejor aún, tiene una visualidad a un nivel ni siquiera visto en Game of Thrones.

En ese aspecto audiovisual, El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder sin duda clava la espada en el suelo para dejar en claro que es la serie de televisión más grande de todos los tiempos. Desde el primer minuto se nota el alto costo de sus episodios, que superan los 50 millones de dólares por cada hora de historia, por lo que solo queda rendirse a la visualidad expuesta en elementos como el prólogo que esboza a la destrucción de Morgoth (El señor oscuro que era el jefe de Saurón) y la Primera Edad del Sol.

Claro que el resto de la serie también luce muy bien, ya que a pesar de en ocasiones volcarse un pelo más de la cuenta en lo digital, igual cuenta con efectos prácticos y un nivel de producción superior que no queda fuera de sintonía con lo que se espera del imaginario ya establecido para la Tierra Media. Los orcos lucen perfecto, rincones como el dominio de los enanos lucen de forma fenomenal y las pocas secuencias de acción de estos primeros episodios están realizadas a un alto nivel.

A la larga, si uno logra desconectarse del apego literal a lo definido por los libros de Tolkien, hay opciones de entusiasmarse con las posibilidades narrativas de una serie que luce como ninguna otra. Y si no se compara a cada segundo con las películas de Jackson, y se toma como algo completamente diferente, lo mismo puede ocurrir con el despliegue épico que aquí proponen y tiene uno de sus puntos más altos en la música de Bear McCreary.

Quizás por eso sea mejor no ver a esta serie como una precuela de las producciones cinematográficas, por mucho que los realizadores intenten ser fieles a la expectativa de lo que se espera de algo que tiene la frase “El Señor de los Anillos” en su título. Los peros, ya sean por Tolkien o por Jackson, son los más grandes enemigos de esta puesto en pantalla colosal.

Por eso, puestas las cartas sobre la mesa, El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder inevitablemente estará flanqueada por un factor tan externo como las expectativas, pero al menos se puede establecer desde ya que existen elementos llamativos para entusiasmarse con ver algo que alguna vez se pensó que nunca se vería en pantalla: el pasado de la Tierra Media en el que aún no existía un Anillo Único.

Historias como el actuar entre las sombras de Saurón, el extraño que se involucra con los medianos, los choques entre elfos, hombres y enanos, los primeros pasos para la creación de los anillos de poder e inclusive el despliegue de un personaje como Galadriel, que es el foco inicial de esta historia, tienen la proyección suficiente como para entusiasmar con este regreso a la Tierra Media. Aún cuando sea casi imposible no estar sacando a colación constantemente a Tolkien (especialmente si son puristas) o a Jackson.

Publicada en Mouse a partir de los dos primeros episodios de la serie.

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