El final de Breaking Bad fue perfecto a la hora de entregar un corolario fúnebre para el auge y caída de Walter White. De ahí que inicialmente existieron dudas sobre la necesidad de extender su historia por otros pliegues. Ese recelo, sin embargo, no se extendió por mucho tiempo, ya que la potente Better Call Saul eliminó los márgenes de las dudas con una prolijidad narrativa que ya se quisieran otras series. Esa revisión analítica sobre un personaje que creíamos conocer, llevando todo por ricas nuevas vías, entregó una carta abierta a Vince Gilligan y su equipo para explorar un poco más el mundo de Albuquerque.

El Camino: Una Película de Breaking Bad quizás puede ser considerada como innecesaria por todos aquellos que busquen una salida diferente, algo que modifique lo que ya sucedió. Pero hay que tener en claro que ese no es su objetivo y, más importante aún, todo lo que esta producción pone en pantalla no está ahí por azar. De hecho, el atosigamiento emocional de su propuesta funciona a la perfección para instalarla como una joya de epílogo que nuevamente ilumina que sí había espacio para contar algo más que valiera la pena.

Para abrazar esa idea, hay que tener en claro que Breaking Bad fue siempre la historia de Walter White, pero no en menor medida también era la de Jesse Pinkman, ya que ambos personajes fueron el eje de todo el nudo dramático desde el episodio piloto. Como los dos últimos episodios de Breaking Bad pusieron al estudiante al margen, para cerrar la historia de su maestro, El Camino resuelve cristalinamente el destino del personaje de Aaron Paul, ya que el paso atrás que dio en el cierre de la historia siempre se sintió como un castigo no resuelto.

Ineludiblemente El Camino es una película de y para fans, pero su mayor fortaleza es que no cuenta con fanservice gratuito. Sí, tiene papitas cocinadas en su punto exacto para que sean degustadas por los seguidores más fieles, pero su foco es hacerse cargo de lo que quedaba a la mera interpretación personal. Al mismo tiempo, lo que sucede en sus dos horas de metraje se hace cargo del peso de todo lo que sucedió previamente, a partir del eco de consecuencias que deja la muerte de Heinsenberg. Y la gran gracia del Camina que es que todo eso es tomado para examinar lo que fue, es y quizás puede llegar a ser Pinkman sin esa sombra gigantesca.

El Camino: Una Película de Breaking Bad por algo debe su nombre no solo al vehículo que utiliza Jesse para escapar del campamento neonazi en el que estuvo encerrado, el Chevrolet El Camino de Todd “Meth Damon”, sino que también por la ruta que debe emprender Pinkman para eludir nuevamente el encierro. Gran parte del drama de esta producción precisamente tiene relación con su estrés postraumático, pues su reconexión con la realidad no es fácil tras haber sido literalmente domado por las torturas de sus captores con esvásticas, y ese peso lo abruma completamente ante el estrecho callejón que tiene para evadir a la policía que está tras su pista.

Los primeros minutos de esta película comienzan inmediatamente después del final de Breaking Bad, con un Pinkman escapando por la carretera a toda velocidad, solo para detener el avance ante el acercamiento de los policías que van a dar con el cuerpo inerte de Walter. Estableciendo que el pescuezo de Jesse sigue corriendo riesgo, la historia de El Camino constantemente nos recuerda que las posibilidades son mínimas para evitar estar nuevamente tras los barrotes.

La muerte de Walter White, en ese sentido, inicia una verdadera cacería en su contra, ya que Pinkman es considerado el único que puede dar una explicación a la versión oficial. Como lo que sucedió con los neonazis no es claro, y diversos reportes de prensa lo establecen así, inicialmente Jesse se acerca a los únicos que lo pueden ayudar: Badger y Skinny Pete. Lo que sigue a continuación es un hombre sin nada que busca desesperadamente reunir algo de dinero para salir de la ciudad, pero lo debe hacer rápido, pues cocinar meta ya no es una opción.

En el camino hay apariciones especiales a partir de flashbacks, que sirven para enderezar el rumbo de Jesse, y también se abre la compuerta de sucesos que no se vieron en la serie original, pero que solo son relevantes ahora que Pinkman está con la soga al cuello. Pero sin entrar en detalles, lo que se establece minuto a minuto es una carrera contra el tiempo en la que Jesse tiene todas las de perder.

Realizado con una proeza narrativa y visual que recuerda por qué Breaking Bad estuvo varios escalones por sobre el resto de producciones televisivas, con una serie de diálogos excepcionales que pegan en la cabeza como si fuesen un garrote, El Camino también es una historia complementaria para evaluar si es posible un final feliz y, mucho más relevante, si eso es algo que Pinkman y esta propia producción merecen.

En lo que a mi concierne, de eso último quedan pocas dudas, ya que esta película de Breaking Bad se eleva tanto por el trabajo de Vince Gilligan, operando a un alto nivel sobre las distintas capas del relato, como por un Aaron Paul en un estado de gracia para poco a poco devolverle la vida a un Pinkman que inicialmente solo es una cáscara de lo que alguna vez fue.

El Camino no es perfecta, ya que inevitablemente deja la sensación de llegar a una resolución que ya había abordado la serie principal. Al mismo tiempo, es demasiado notorio el paso del tiempo en algunos de sus actores, pues aquí hay flashbacks del pasado en donde las apariencias no calzan completamente. Pero aún así aquellos momentos funcionan, ya que están ahí para ayudar a que Jesse sostenga el peso que cargará por lo que le queda de vida.

En definitiva, considerando que el final de Breaking Bad es excepcional, esta película aparentemente podría quedar reducida a una gran escena post-crédito tipo Shawarma de Los Vengadores. Pero eso no es así debido a que en El Camino no existe ningún tipo de indulgencia. Sí, podía vivir sin esta película, tal como gran parte de los espectadores que vieron la historia de Walter White, pero tal como sucedió con Better Call Saul, esta producción justifica completamente su existencia. Y como epílogo, permite que Jesse Pinkman se sobreponga y madure en el momento preciso, para dar con lo que justamente nunca tuvo: una ruta propia.

Y lo mejor de todo, más allá de que estoy seguro que no faltarán los que remarcarán que esto tenía que ser más que un epílogo perfecto para justificarse, es que no tuvimos que esperar toda la vida para ver algo tan especial como ver a un Jesse dando con su propia identidad y tomando sus propias decisiones. Ese es el único camino que valía la pena recorrer.

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Publicado en Mouse

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