Hasta el día de hoy, nunca fui fan de la saga de Assassin’s Creed. De hecho, en lo que respecta a los juegos previos de esta franquicia, nunca les dediqué más allá de un par de horas. Había algo en su propuesta que simplemente no me atraía lo suficiente como para dedicarle tiempo a las aventuras de sus sociedades secretas y viajes al pasado cortesía de la genética. Por eso, ante el lanzamiento de Assassin’s Creed Odyssey, la sola idea de hacer una reseña al respecto se instaló como un desafío.

En una franquicia marcada a fuego por la conexión apasionada que concreta con su gran número de seguidores, aquellos que abrazaron en el pasado la idea de que esta saga tuviese un carácter anual, un acercamiento novato podría quizás dar una perspectiva que no estuviese arraigada en lo que fue en el pasado, sino que se enfocase más en lo que es en el ahora. Al menos ese es el foco de esta revisión.

Lo primero que hay que remarcar con un juego como este, que explota fuertemente los elementos RPG, subiendo niveles y mejorando habilidades a medida que avanzamos a través de los escenarios helénicos de esta historia, es que la experiencia se vuelve completamente abrumadora desde sus primeras secuencias. La cantidad por cosas por hacer es extremadamente amplia.

Instalando su historia en la Antigua Grecia, años después de la época del rey Leónidas, esta verdadera odisea se desarrolla a lo largo y ancho de un mapa que parece no tener otra frontera más allá de aquello que aún no nos decidimos a explorar.

Aunque obviamente a lo largo del juego existen elementos de sigilo, los primeros minutos nos acercan a un escenario de batalla colosal en donde las fuerzas de Esparta chocan contra la invasión Persa que dio pie al nacimiento de la legendaria batalla de los 300 guerreros. Ahí vemos las diferentes formas de combate cuerpo a cuerpo, incluyendo embestida de toro y certeros ataques con una lanza que parten hacer caer enemigos sin problemas.

Esos elementos que conocemos de forma pomposa en la introducción estarán posteriormente presentes como parte de la dinámica de su gameplay, ya que una vez que la acción comienza, la historia nos sitúa en el rol de un mercenario llamado Alexios, perdido en los registros del tiempo, quien mejorará sus habilidades a medida que se expande el mapa y comenzamos a explorar las islas y terrenos griegos en medio de una historia marcada por profecías, conflictos entre los estados helénicos, la herencia del mayor rey de Esparta y un gran misterio relacionado a la Atlántida.

Las novedades no solo tienen relación con el hecho de que el factor RPG tenga una preponderancia gigantesca, dejando de lado la idea de que un Assassin’s Creed es un juego que puede resumirse en una sola frase. Aquí también tenemos la opción de elegir como protagonista a una mujer llamada Kassandra, quien es revelada como una parte de la historia tan importante como Alexios.

De este modo, al comienzo del juego nos darán a elegir entre ambos personajes para avanzar su ruta mientras evadimos a los cazarrecompensas, que quieren cobrar el precio de nuestras cabezas, o realizamos las tareas secundarias que, aunque parecen mero relleno en una primera impresión, también sirven para fortalecer el escenario total de un juego que poco a poco va desentramando una antigua confabulación que busca controlar la política sobre el mundo helénico.

Más allá de esa base, la propuesta de Assassin’s Creed Odyssey apabulla por el gigantesco abanico de posibilidades que tenemos a nuestra disposición. Como siempre, cada misión puede ser abordada de múltiples formas, lo que implica que el camino que elegimos tiene su particular costo.

Pero también desde Ubisoft logran transmitir la idea de que nuestras decisiones realmente influyen en esta historia y eso es algo que no siempre logran concretar del todo bien algunos videojuegos. Más aún, el hacer las pequeñas misiones también aumenta el alcance de las diversas líneas narrativas que se van hilvanando a medida que avanzamos por los terrenos, nos adentramos en cuevas, escalamos edificios o avanzamos con sigilo para hacer caer a nuestros rivales.

Quizás lo más notable es que aunque esta propuesta no puede del todo evadir el factor cansino de las tareas repetitivas o que inevitablemente quede claro que los desarrolladores a cargo del juego potenciaron más de la cuenta la necesidad de concretar microtransacciones para la nivelación de las habilidades, Assassin’s Creed Odyssey igual se instala como un desafío no menor que balancea bastante bien la dificultad. Y eso está bien manejado inclusive para todos aquellos que no están habituados a una propuesta que bebe más de la cuenta de algo como The Witcher 3: The Wild Hunt.

Ya sea removiendo las ayudas visuales de las misiones o jugándosela a desbloquear cada una de las cosas que se cruzan en nuestro camino, el reto de este juego ayuda a mantener el interés. Asimismo, este títulos establece un diálogo peculiar que nos invita a tomarnos el tiempo para no abarcar más de lo que podemos abrazar.

Por ejemplo, durante los primeros minutos del juego, uno puede explorar el mapa y ser asesinado sin problemas por simples lobos que nos hacen papilla porque simplemente aún no estamos preparados para hacerlos caer. No es cosa de llegar y dar el salto para intentar destruirlo todo. Este juego nos pide que nos tomemos un poco de tiempo para explorar, analizar cada escenario y buscar la mejor ruta de resolución.

De ahí que a medida que las horas de juego se van acumulando, se establece que esta no es solo una experiencia efímera que servirá para pasar el rato. En Assassin’s Creed Odyssey podemos recorrer los escenarios atenienses y espartanos, comandar naves de alta mar o cruzar los parajes de islas que siguen la lógica de identidad de “pueblo chico, infierno grande”, mientras nos vamos preparando para matar furtivamente o atacar sin reparos a las hordas de enemigos que tienen la mala fortuna de cruzarse con nosotros.

Como alguien que no está habituado a Assassin’s Creed, el gran gancho esta propuesta es que sí logra transmitir la idea de que aquí nos estamos enfrentando a algo realmente épico. Al mismo tiempo, sustenta la idea de que la experiencia de disfrutarlo no depende de conocer todo lo que se hizo con anterioridad en la franquicia. Salvo algunas secuencias, los elementos modernos de la lucha de los templarios y los asesinos no representan el foco central de su relato.

Ante esa accesibilidad, que saca partido a todo lo que se ha hecho en el diseño moderno de los RPG de acción, también hay que reconocer que dicha opción remueve un poco de la personalidad que siempre han abrazado los fans de la franquicia. Mi hermano, que jugó cada uno de los títulos anteriores, simplemente descartó este juego por no sentirse lo suficientemente Assassin’s Creed. Pero quizás es eso mismo lo que me motivó a dedicarle todas las horas que tenía pendiente con esta saga.

A la larga, Assassin’s Creed Odyssey es una apuesta que exige tiempo, que está hecho para todos aquellos que están dispuestos a introducirse en su mundo sin reparos y que hace click con todos los jugadores que no tienen problemas en explorar hasta el último rincón, saldar hasta la última deuda o ayudar al menos importante de los personajes secundarios.

Te cansarás, te sentirás abrumado con su mundo, pero si no desistes, si caes en su solicitud de hacer hasta lo más mínimo para lograr contenido adicional, esto te entregará recompensas. Y eso es mucho más de lo que podría haber esperado de una franquicia que previamente nunca me interesó.

Publicado en Mouse

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