Ambientada en un París idealizado en los años ’30, Hugo narra la historia de un niño que, tras quedar huérfano, malvive entre los fierros y muros de la principal estación de trenes de la Ciudad Luz. Su vida dará un vuelco importante tras involucrarse con un huraño juguetero, a quien Hugo ha estado robando piezas mecánicas para su gran proyecto: reparar un autómata que su padre dejó inconcluso antes de morir. Está dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Asa Butterfield, Chloe Moretz, Ben Kingsley, Sasha Baron Cohen y Christopher Lee.

Aunque Hugo está basada en la novela La Invención de Hugo Cabret de Brian Selznick, es claro que prefiere tomar el corazón de la novela y plasmarlo en celuloide, más que seguir la estructura del libro y el devenir de sus personajes. El objetivo principal está: construir un gran y sentido homenaje a la magia original del cine, aquella fundada en el asombro, la ilusión y lo inesperado. Aún así, Hugo está lejos de ser una película perfecta: posee varios ripios a nivel de historia y personajes. Sin embargo, todos esos defectos (que no dejaremos de enumerar) parecieran ser concientes y hasta deliberados, como si Scorsese hubiese querido, hasta en la forma, situarse en el contexto creativo de la época que homenajea. Es una idea que es necesario tener en cuenta a la hora de aproximarse a este film.

¿Cuál es el contexto para Hugo? Situar a la obra cinematográfica en una época cuando el cine no era un arte que contase historias, sino un prodigio técnico, un espectáculo más cercano a la magia que al teatro. El cine nace como un derivado de la fotografía, un truco tecnológico que se funda en la ilusión y que pretende maravillar al espectador. Así lo vieron los hermanos Lúmiere a fines del siglo XIX y por lo mismo, no le auguraban ningún futuro. Como suele pasar con muchas invenciones, tiene que venir un tercero a encontrar el nuevo uso a la técnica. Ése fue George Mélies, aquí encarnado con solvencia por Ben Kingsley, un ilusionista en toda regla, un prestidigitador que ha visto el potencial de la imagen en movimiento para plasmar y estimular los sueños colectivos. Nótese que aún no hablamos de narrativa: el cine de Mélies se escribía desde la técnica, desde el efecto especial si se quiere. La historia estaba al servicio del truco, como el relato de un mago frente a su público. Más ilusión sobre la técnica, un “volador de luces” en su versión más primigenia: la historia distrae al espectador para que no sea capaz de fijarse el el “prestigio”, como lo explicaba el genio de los hermanos Nolan en esa pequeña obra maestra que es The Prestige.

¿Acaso Scorsese ha querido, en lo formal, imitar a Mélies re-construyendo la trama de Selznick en torno al prodigio técnico que le otorga el 3D? A nuestro parecer, así es. El viejo Martin ha querido retraer el viejo truco, la ilusión encantadora, y conectarnos con los espectadores de más de un siglo atrás. En las antípodas de sus inicios como cineasta, donde la tensión narrativa y la construcción de personajes eran su razón de ser, Scorsese ha hecho el giro en 360 grados sobre el final de su vida. El niño ítaloamericano que, antes de entender y conectar con el drama del cine que amaba, se deleitaba en el prodigio de ver materializar ante sus ojos mundos imposibles, hoy está de vuelta. Scorsese, como el viejo que vuelve a la niñez, completando un ciclo, pero en control de sus facultades y no como señal de deterioro. Un Martin que salda las deudas consigo mismo y con nadie más.

¿No es acaso mucha complejidad reflexionar de dicha manera para acercarse a esta película? Lo es, y ahi están los ripios de la obra. Sin hacer esta concesión, sin aceptar estas reglas del juego propuestas por el director, Hugo es una película simplona y forzada, con situaciones que rayan el lo ridículo por imposibles y coincidentes, por lo sencillas de resolver, por lo básico de las evoluciones de los personajes. Los secundarios y sus líneas argumentales están completamente fuera de lugar y son pésimas. Y a pesar de todo lo anterior, Hugo es una historia sobre aprender a aceptar la pérdida, en especial en relación al amor que se tiene por lo que se hace. Hugo Cabret, como Meliés, ama su arte, pero ambos han perdido la motivación, el corazón: están rotos. Ambos deberán aprender a superar esa pérdida y entender que pueden seguir amando lo que hacen, a pesar del dolor. Es una metáfora maravillosa, pero que en una primera mirada es absolutamente obvia y se resuelve en 15 minutos. ¿Que pasa con el resto del film entonces? Que es un truco, una ilusión, una distracción. Pero curiosamente, no hay una sensación de estafa en esta ocasión. ¿Por qué no?

Por que hay magia. La magia del viejo cine.

Hay que aceptar la premisa imposible del Mago Scorsese. Hay que aceptar que puede sacar un conejo de la chistera, aunque sepamos que hay engaño. No hay nada más improcedente, inútil e insano que ir a ver a un mago para tratar de descifrarle el truco. Para eso, mejor no asistir. El verdadero talento del ilusionista está en que, a pesar de conocer la falsedad de la puesta en escena, logre verosimilutudl proponiendo unas reglas atractivas para la suspensión de la credibilidad. Es como el teatro: yo sé que ese hombre sobre las tablas no es un príncipe danés, pero lo acepto. Es el mutuo acuerdo entre creador y público, la esencia (olvidada, a estas alturas) del espectáculo.

Y la magia es buena. Esta película debe verse en 3D, porque la técnica es la esencia del relato. La puesta en escena está en torno figura y fondo, busca justificar el uso del 3D a través de reinventarlo como sensación de maravilla, de prodigio. Esta película pierde casi todo su encanto en un visionado regular. Tiene una bella puesta en escena, cinematografía y vestuario, pero la historia es pobre, los personajes pobres y el nudo narrativo es simplón… a menos que se vea en 3D. Ahí está El Prestigio. El homenaje, la conexión emocional con la historia del cine, con el artificio de crear, con la máquina al servicio de la imaginación, de la emoción, del dolor… Ahí es donde Scorsese triunfa, y encanta. En la complicidad entre nosotros. En aceptar las reglas del juego.

Hugo es un film forzado, imperfecto, desbalanceado. Hugo es un film simplón. Pero Hugo es espectáculo y es el mejor modo posible de conectar con su objeto de homenaje: poniendo de relieve lo bueno y lo malo del mismo. Es lo más cercano que podremos estar, en pleno siglo XXI, de los asistentes a las proyecciones de los Lumiére huyendo del tren que ingresaba a la estación. Ni más, ni menos.

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17 pensamientos

  1. Porque ya no se actualiza Salon del Mal? esta semana salio el nuevo trailer de Spiderman y no lo pusieron, han salido mas noticias como la fecha de estreno para Wolverine 2, clips de Ghost Rider, el spot del super bowl de los Avengers, etc

    1. Está de vacaciones. Lo dice en la foto playera de arriba. Y este review es de MAYOR TERROR, no del Dr.

    2. hay que esperar hasta el 13 de febrero para que venga el Dr.

      igual gracias por esos datos! podrias reemplazarlo hasta que venga jaja

    3. Igual pues si ya sabe todas esas noticias y ya vio los trailers cuál es la molestia!!!, todo el mundo tiene derecho a vacaciones….

    1. Por favor borren mi comentario, esa jodida costumbre mía de nunca checar el autor de lo que leo antes de opinar.

  2. Debo decir señor que, pese a sonar lame vergas, este es el mejor review que he leido en esta página.
    Bien articulado, se nota que sabe de lo que habla.

    10000 queques para ud.

  3. Yo también estaba preocupado por la falta de actualizaciones. Pensaba que a lo mejor Chuck Norris se había enojado por nuestras puteadas y había bloqueado el Salón.

  4. no he leido el review, no se si lo haga pronto, pero se agradece que vuelvan y mis congratulaciones al mayor terror!!!! aserruchale el piso al malo!!! xD

  5. No me gusta la idea del film. Y no me gustan las películas simplonas, por mas motivos personales que halla tenido el director para hacerlo de esa forma, tal como lo describe el Mayor. Me saben a esas películas cuya única base son la escenografía. Movie fail.

  6. opino bastante similar. en gral los críticos han alabado mucho el aspecto emotivo y nostálgico de rememorar esa época (sin dejar atrás las alegorías sobre la propia vida de scorsese), pero han olvidado lo deslúcida que es en la historia y en sus personajes (en especial en el de sacha baron cohen).
    fue la primera película que ví en 3d y sinceramente no le encontré ni un brillo. de hecho quiero verla sin el artilugio.
    wen review.
    saludos.

  7. Pues a los que la encuentran simplona, plana y floja, tres palabras: fuck you, bitches¡¡¡ En lo que a mi respecta, Hugo me pareció un artilugio maravilloso, bello, emotivo y emocionante. Nada más feo que tratar de intelectualizar lo que no requiere ni pide intelectualización. Hugo, sí admito, es una pelicula polarizante: o la disfrutas por lo que es (un artefacto de magia y emoción pura) o la reduces a la nada con criticas que no vienen a cuento. He dicho.

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