Quizás es cierto que no son muchos los que se interesan sobre este tipo de historietas; pero al menos siempre buscaré recomendar visitar el universo paralelo del cómic independiente. Ahora, y yendo al grano, desde ya les aseguro que a lo siguiente no lo pondré en un altar sacrificando la cabra más gorda por sus páginas. Y es que si algún término sirve para enmarcar lo que es Skim, creo que el más acertado es la palabra duda. De hecho, de eso se trata: de la duda (específicamente en la adolescencia). ¿Es acaso una hermosa reflexión? ¿Viñetas que narran cotidianidad de forma profunda, pero al final es algo genérico en este tipo de cómics?

Skim, es una obra escrita por Mariko Tamaki y dibujada por  Jillian Tamaki, que aborda un  viaje a través de la adolescencia de Kim, una joven de descendencia asiática, obesa e introvertida. Y no una adolescencia genérica de película americana, puesto que la narración se sitúa en Canadá, un aspecto que deja cierto número de clichés por fuera.  Aquí los personajes no llegan a sorprender, pero esto no los despoja de su buen desarrollo: Lisa, la mejor amiga de la protagonista, quien a pesar de estar en la misma crisis de identidad, se manifiesta con un objetivo distinto; Katie, la chica popular cuyo novio se ha suicidado y la maestra Archer, quien representa ese espíritu alterno. Pero es de los aspectos que representan estos personajes desde donde nacen las dudas que forjan los cimientos de este cómic.

La principal es, claro está, el amor. Kim posee una curiosa dualidad nacida desde su familia: sus padres están separados y cada uno representa una visión diferente de las relaciones amorosas. En este aspecto será la maestra Archer quien use la batuta y guie toda la filarmónica. Sí, Kim se debate en el homosexualismo, pero no por aspectos como el rechazo o lo sexual.  Esto último tiene la voz de un simple rumor, lo que no se transforma en el clásico cliché ante el que preferiría la muerte antes de pasar página tras página en ese tipo de ambiente adolescente habitual.

La segunda duda tiene relación con la identidad. La duda madre de la adolescencia. En este aspecto entra la brujería, un camino que siguen tanto Kim como Lisa para definirse (claro, hablamos de una brujería simbólica, no hay enfrentamientos mágicos ni maldiciones), aunque su elección probablemente genera interrogantes en si a uno como lector.  Y, finalmente, la última guinda de la torta es la amistad. Y es que el suicidio de John iniciará una serie de cambios en el ambiente escolar, y uno de ellos será las personas con quien se relaciona Kim y revelará el verdadero “yo” de quienes la rodean.  Como última duda, y para no extenderme, dejo la imagen individual en el colectivo: los mismo cambios en el ambiente escolar dan pie para reflexionar sobre el manejo colectivo plagado de estereotipos.

Skim se narra en forma de diario, lleno de tachones y re-escrituras que esconden información, demostrando y recalcando las dudas y la confusión de asimilar la peculiar forma de ver el mundo durante la adolescencia. El arte funciona de maravilla, mientras muchos aspectos, como el drama y la tristeza, se dibujan de forma sutil y muy simbólica. Los detalles del bosque se roban hermosas páginas dobles, lo que es una buena distracción para el ojo, en un escenario en donde el blanco y negro ayuda ambientar de forma correcta el tono de esta obra.

En general, se trata de un cómic bien logrado que, aunque al final se mueva en el terreno previsible, es una buena recomendación para toda persona que esté en búsqueda de historias con personajes interesantes y que ahonden con profundidad en este tipo de terreno de múltiples interrogantes.

2 pensamientos

Los comentarios están cerrados.