Bajo la bruma de un gran misterio finalmente llega Shutter Island, el thriller psicológico de Martin Scorsese que sustenta su apuesta a través de un verdadero puzzle evidente que puede llegar a encabronarte mientras intentas armarlo o anticipas rápidamente qué figura terminará formando.  ¿Las sorpresas?, no son la mayor fortaleza de un rompecabezas avalado por la novela de un Dennis Lehane cada vez más requerido tras los resultados de Mystic River y Gone, Baby Gone.

Conocida bajo el nombre de La Isla Siniestra, sus piezas buscan remecer la testa aunque básicamente es  excelencia visual pura que atrae el ojo, por cómo está filmada por el cinematógrafo Robert Richardson. Esto va de la mano de las claves que va generando Scorsese en la puesta en escena y la atmósfera atocigante que recrea, más allá del juego de las previsibles triquiñuelas de su historia.

Toda película de Scorsese viene acompañada de un nivel de hype de aquellas propuestas que atraen a partir de una simple firma de apellido, donde surge un interés validado por una carrera. Pero son pocos  los nombres que pueden jactarse de lograr captar la atención por  simple presencia y el responsable de Taxi Driver forma parte de ese club. Y en esta ocasión, el viejo Marty llega para revalidar su membresía con una película intensa y densa, pero ciertamente desigual en su resultado.

Esto se genera a través de un misterio, un descubrimiento que necesita que el espectador acepte comerse atravesado el pastelito reseco sin tener ni una sola gota de H20 de ayuda. Se requiere demasiada suspensión de incredulidad para comprar su propuesta final, de la que no entraré en spoilers. Lo que si puedo adelantar es que ahí radica su principal debilidad y fortaleza. Aunque es una propuesta con una ruta demasiado clara, lo que la rescata  de la pecera génerica es el modo en que está tratado el guión de Laeta Kalogridis. Esa revelación, márquenla como un signo de interrogación hasta que la vean, a la larga no es el objetivo definitivo.

Esa dualidad está dada porque lo que realmente importa en Shutter Island es la estructura, respondiendo a la necesidad psicológica al interior de una  institución mental donde la mencionada respuesta está presentada como una verdadera catarsis. Scorsese pone en la misma balanza al terror y la incertidumbre para presentar una historia que se inicia como un tradicional misterio policíaco, en el que dos oficiales federales son llamados a la Isla Shutter para revisar un extraño caso en el asilo Ashcliffe. Todo porque en el hogar para los criminales dementes uno de los pacientes escapó y nadie sabe cómo.

Así conocemos a Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y su nuevo compañero llamado Chuck (Mark Ruffalo),  un dueto que comienza a notar que existe más de un elemento oculto entre el equipo del hospital y sus pacientes. Algo “raro” maneja la administración del Dr. Cawley (Ben Kingsley) y el llamado de la ley es perseguir la verdad en medio de un total aislamiento, mientras el día a día entre esas paredes comienza a despertar los recuerdos trágicos, los sentimientos de culpa y de pérdida en Teddy, los cuales están relacionados con la guerra y la calcinada muerte de su esposa. Un charquicán de emociones.

Es a través de ese esquema, y con secuencias dignas de una película de horror al interior del ala para los pacientes más peligrosos, que Scorsese arma una atmósfera plagada de pesadillas y sospechas para recrear un estado de vacilación continua. Quizás la mayor fortaleza, tras el cómo está filmada, radica en la serie de simbolismos que van armando la propuesta. Más que la respuesta al misterio, importan las señales que van configurando la verdad. Por eso el modo en que está realizada y estructurada Shutter Island no es un simple ejercicio al azar, lo que se agradece, más allá de si logra completamente atrapar con su propuesta base misteriosa y siniestra.

Bajo esas paredes, DiCaprio es la estrella que logra mantener el interés a través de un tipo castigado y atrapado en la demencia de Ashcliffe mientras el entorno es desarticulado entre las dudas de una posible conspiración gubernamental, el típico huracán que azota en el momento menos indicado y un dolor de cabeza gigantesco que merma sus habilidades y genera una serie de secuencias digitales que fomentan lo evidente del trasfondo. El resto del elenco son verdaderos satélites que giran en torno a un actor que hace rato hizo olvidar las reticencias juveniles de su carrera.

Por eso Shutter Island puede generar en más de alguien una jaqueca tras comprobar que esto se trata de un material que posee elementos de corte genérico ejecutados de mejor forma en otras propuestas que utilizan misterios similares. De ahí a la decepción, existe un paso. Pero el único y verdadero remedio es si logran enganchar tras su frase final con lo que responde su resquebrajado esquema de estructura, más allá de la locura onírica de algunas secuencias. Si dan con ello, habrán dado con algo más importante que anticipar una revelación.

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