No representa mayor sorpresa que con particular interés se sigan los proyectos de Peter Jackson. Más allá de su aventura en la Tierra Media, el director siempre ha entregado una visión particular en sus productos de entretención sincera e inclusive en aquellas películas que hacía con el vuelto del pan en su Nueva Zelanda natal. The Lovely Bones (DESDE MI CIELO) despertó interés a partir de lo que el propio Jackson ya había realizado en esa gran película conocida por este lado del mundo como Criaturas Celestiales.  Pero quizás lo más interesante de esta adaptación, aunque para nada es sorpresivo, radica en que la visión de Jackson se diluye a través de su fascinación por entregar caramelos digitales, dejando en el proceso de renderización un agrio sabor en el paladar por el tratamiento de historia y personajes en su publicitado regreso al drama reducido a un asfixiante limbo.

La forma en que The Lovely Bones se desinfla es atocigante y encabronante. No porque lo que suceda en pantalla provenga de una paleta coloridamente “pastel” que eleve la decepción hasta tal punto en que es necesario pegar un grito de molestia contra la pantalla. Para nada. De hecho, llega a dar lo mismo todo lo que sucede por el camino que decidieron llevar adelante. Y es que la decepción  aquí surge pese a los adornos visuales, pues la historia es planamente tratada en su mezcla dramática visual que nunca toma una elección, lo que va socavando el interés a media que avanza el reloj e instala el más profundo tedio. Uno quiere que esto puro termine, en onda por favor.

La desastrosa caída a pique tampoco se condice con lo interesante de la premisa. Una adolescente es asesinada, resquebrajando la perfecta existencia de un mundo en el que la confianza era pan de cada día. A partir de la tragedia, es exiliada a lugar que está en un punto medio limbo-rimbombante entre el más allá y el más acá: un mundillo de colores, luces, efectos visuales y parafernalia. Desde ahí, Susie Salmon ve cómo su familia es desarticulada por la tragedia mientras el maldito que la envió a su mundo de literal fantasía fúnebre apuntará a su próxima víctima. El llamado a partir de ahí es claramente a comerse las uñas, pues la atmósfera recreada por el director utiliza todos los elementos necesarios para que uno quiera que atrapen al malandra. Pero esa recreación, nunca llega a ser concretada.

Es en base a aquella idea que la película expone en torno a la fe, el trascender, el amor o la fuerza del espíritu en una batalla contra la oscuridad de los deseos corruptos y obsesiones. Pero ahí da la impresión que estas temáticas perfectamente pueden ser incluidas en una tarjetita o para que cualquier tontorrón salga a predicar a la esquina de una calle sobre la buena nueva de los mundos de nubes de algodón de dulce. Eso a raíz del tono y  estructura del relato nos lleva de regreso y vuelta al mundo de fantasía como una mera anécdota.

Saoirse Ronan (Atonement) y Stanley Tucci (La Terminal) tienen todo el foco en el rol de victima y victimario respectivamente, pero ciertamente la película es desarticulada justo a partir del temprano momento del asesinato. A partir de ahí, el mayor enfoque dramático está en torno al día a día de la familia Salmon. Pero este es desinteresadamente carcomido por la imaginación e inventiva de Peter Jackson, mientras los personajes secundarios que difícilmente cobran vida. Y pese a que es notorio el modo en que el director va armando un verdadero monstruo para generar los anticuerpos contra el asesino, desde el uso de locaciones y cámaras para concentrar toda la turbiedad posible, todo se diluye por obra y arte de lo blando del sueño colorinche.

Es esa inventiva característica de Jackson la que manda al diablo todo en esta ocasión. pues queda la impresión que se quedó con la gorda brocha de King Kong en la mano, en un cuadro que necesitaba más sutilezas. En esa inconsistencia surgen sorpresas grandes: que un Mark Whalberg más sólido que Rachel Weisz o aparezca una verdadera caricatura de Susan Sarandon que no me sorprendería que más de alguno confunda con una entrega sólida. No, no lo es. Pero más es la sorpresa al notar que el campo del efecto visual no destaca tanto como para ocultar sus falencias, eso habría sido lo mínimo que habría pedido.

Da lo mismo si la novela original era así o asá. Como toda adaptación, el guión denota que la idea del libro en esta ocasión quedaba mejor en el papel. El traspaso de The Lovely Bones multiplica las dudas en torno a la necesidad de muchas secuencias, desenlaces incluidos, a medida que avanza la película. Así todo el mensaje pretencioso se olvida de algo esencial: la trilogía de El Señor de los Anillos era una gran adaptación que eliminó lo justo y necesario para agregar nuevos elementos que hacían funcionar la maquinaria en el cine. Eso se le olvidó al trío de guionistas encabezados por Jackson,  que incluye a Phillipa Boyens y Fran Walsh, provocando que su historia se cuente prácticamente sin espíritu. Con puros enclenques huesos digitales.

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