Año a año somos bombardeados por tantas películas navideñas predefinidas y tradicionales que la propia experiencia de verlas puede ser igualada, en más de una ocasión, a un suplicio. A un tormento colorinche de ideas e imágenes ejecutadas hasta el cansancio.

Noche Sin Paz(Violent Night), uno de los recientes estrenos cinematográficos disponibles en salas, no es la última chupada del mate, pero al menos logra llamar la atención por contar con una estúpida luz parpadeante de rojo sanguinolente en la nariz.

Dirigida por Tommy Wirkola, quien previamente dirigió las dos entregas de los nazis zombies de Dead Snow, esta película es por un lado una propuesta de acción categoría R que no le teme a la sangre para romper huesos, con el objetivo de presentar el ya clásico molde en el que un sujeto inesperado debe tomar las armas para salvar el día justo en plena Navidad.

Por otro lado, esta también es una ridícula comedia sarcástica con elementos de fantasía que pone en el rol del héroe a… Santa Claus. No un tipo común y corriente disfrazado, sino que al mismísimo San Nicolás, Papá Noel, el Viejito Pascuero en persona. Lo anterior convierte a esta propuesta, con todo y presencia de renos, en algo realmente absurdo que se vuelve cada vez más disparatado.

Por ejemplo, como Santa no tiene armas, en un momento comienza a hurgar en su saco mágico con el fin de dar con un regalo que le permita ir al ataque, dando con videojuegos que solo sirven para reflejar las obsesiones de las nuevas generaciones. Son ese tipo de situaciones las que permiten que, a lo largo de su metraje, se generen situaciones bastante cómicas que elevan el absurdo de toda la idea. Y es ahí en donde algunos momentos sacan risas, otras sonrisas y también están aquellas que se desinflan como el peor de los Pan de Pascua.

Al mismo tiempo, siendo esta una película navideña de tomo y lomo, en su historia no están ausentes los mensajes ad-hoc. Temas como el consumismo o el desencanto por la festividad, e inclusive la máxima de tener la oportunidad para enmendar el rumbo, son parte de los elementos que se van entremezclando con la acción a medida que avanza su historia en donde violentos sujetos irrumpen en la mansión de una fastidiosa familia adinerada. Y como bien demostró Duro de Matar, en el fondo siempre hay un robo.

El problema en todo ese esquema es que más allá de meter a Papa Noel en el torrente de acción, la película igual refuerza en más de una ocasión el sentimiento de que no está proponiendo nada muy nuevo al abordar lugares demasiado comunes. Más aún, no tiene problema alguno a la hora de homenajear a clásicos como Mi Pobre Angelito.

A pesar de que a través de esos elementos impulsan tanto su historia como la variedad de formas en que los “niños traviesos” reciben lo que merecen, ese mismo tipo de situaciones merman la originalidad que se esboza en los primeros minutos. En ese sentido, muchas de las cosas de Noche Sin Paz simplemente no funcionan – incluyendo algunas coreografías de peleas – y la película remarca majaderamente que solo hay que creer en su magia navideña para obviar a aquellos fallos. En más de una ocasión, eso no es suficiente.

Aún ante ese escenario, lo que permite que esta propuesta se mantenga a flote es el ingenio que presentan sus realizadores para abrazar a lo absurdo de la premisa, sacándole partido a algunas disparatadas secuencias de acción, y el trabajo de David Harbour en el rol principal.

Más allá de las breves secuencias que abordan una historia de origen, que instala a Santa como un antiguo y sanguinario guerrero vikingo llamado Nicomond El Rojo, lo que sustenta que esta roja y rechoncha figura bonachona tenga la capacidad de despachar ladrones a martillazo limpio, lo más interesante de Noche Sin Paz radica en el hecho de que Harbour logra fusionar en buen pie a la melancolía de un espíritu navideño perdido con el desencanto por el consumo de las nuevas generaciones que han provocado que la festividad pierda su sentido. Y es esa mancuerna es la que logra sostener a la película hasta su batalla final, la que en todo caso no es tan buena como debiese ser.

Solo resta remarcar que la idea de Noche Sin Paz es llamativa, pero la coherencia del relato se pierde rápidamente porque los villanos no son carismáticos, la mayor parte de la familia ricachona es detestable y el propio esquema y desarrollo de la historia no está a la altura de su premisa base. Pero a su favor se puede decir que al menos se aleja del espíritu navideño con música de centro comercial que caracteriza a tantas películas de este tipo. En mi caso, con eso bastó y sobró para justificar la entrada a la sala.

Publicada en Mouse.

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