Actualmente estamos tan acostumbrados a la animación digital en 3D, especialmente en materia de los largometrajes que llegan a la pantalla grande o al streaming, que las obras que no siguen ese estilo de realización relucen como una especie de anomalía en la carta que está puesta sobre nuestra mesa.

Los creativos irlandeses de Cartoon Saloon, responsables de películas elogiadas como “El Secreto de los Kells” y “Canción del Mar”, no se quedan atrás a la hora de liderar los esfuerzos para preservar formas de realización que nunca deberían perderse. Y su más reciente obra, la aventura ecologista de Wolfwalkers, ya estrenada por la plataforma de Apple TV+, es una espectacular realización que hace gala tanto de su talento narrativo como de su proeza técnica.

Lo primero que tienen que tener claro es que son tantas las cosas para destacar de Wolfwalkers, que podría elogiar desde el diseño de personajes a la forma en que el equipo, encabezado por los directores Tomm Moore y Ross Stewart, hace uso de los fondos para impulsar la dimensión de esta pequeña historia que crece al paso de la manada de lobos que están al centro de la historia.

Sumen el uso de los colores, especialmente en base a la decisión artística de discurso que contrasta al gris mundo humano con la bella naturaleza que quieren domar, o el dominio de los ejes para estructurar cada escena. Si hasta puede profundizarse en el uso de las transiciones para armar un trabajo simplemente excepcional hasta en el más mínimo de sus detalles.

Pero quizás lo más importante es que todo está puesto al servicio de expandir a la bella fantasía que van generando cuadro a cuadro, para impulsar a un relato que no solo es divertido, sino que también tiene la sustancia necesaria para atrapar nuestra atención y corazón.

En este caso, todo gira en torno a una niña llamada Robyn, una aprendiz de cazadora que es acompañada de su halcón. Desde su primera aparición queda claro que pequeña se siente atrapada en su nuevo hogar, un gris pueblo lejos de su antigua casa campestre en Inglaterra. Pero su vida cambia abruptamente cuando logra escapar de la zona del castillo para toparse de frente con una familia compuesta por las “wolfwalkers” (Caminantes de lobos) que dan título a esta película.

Madre e hija, dos verdaderos espíritus libres que tienen la capacidad de convertirse en lobos cuando se quedan dormidas, son acompañadas por una manada que están en la mira de los humanos. Peor aún, el conflicto se refuerza debido a que el apesumbrado padre de Robyn, cuya voz en inglés está a cargo de Sean Bean, aceptó el trabajo de ser un cazador que está a las ordenes del “señor Protector”. Este último es un tipo malvado que solo quiere matar a los lobos que viven en las cercanías de su pueblo, ya que eso solo reforzaría su dominio sobre el resto. Más aún, inclusive está dispuesto a destruir al bosque si eso garantiza el éxito de su tarea.

Para plasmar a toda esa historia, Wolfwalkers expone a este hermoso trabajo visual que es una verdadera dicha, para combinarlo con la filosofía profunda que confronta a sus personajes, especialmente a la hora de abordar las cosas que marcan a Robyn como una pequeña niña sin voz para el resto. Es decir, si nadie escuchaba a las mujeres en el pasado, menos lo hacían con los niños.

A grandes rasgos, desde el comienzo la película también expone como Robyn debe olvidarse de sus alegres días acompañando a su padre en el bosque, pues este último solo quiere mantenerla protegida para garantizar su futuro. Pero eso choca con el hecho de que la pequeña solo puede aspirar a ser una sirvienta del castillo.

Las “Wolfwalkers”, por su parte, se ven enfrentadas al peligro de que su propia existencia llegue a su fin ante el avance del hombre que arrasa con la naturaleza.

En ese choque, los elementos de fantasía no son menores, ya que además de esta especie de transformación licántropa, en el camino también se establece un verdadero mundo mágico en el que los lobos y su guarida están conectados directamente con lo que hace latir al bosque. Y volviendo también al aspecto visual, es muy, muy llamativa la forma en que exponen las habilidades de estos animales, ya que el juego de luces y trazos se ponen en juego para acercarnos directamente a la forma en que ven, huelen y escuchan.

A grandes rasgos, nos invitan a volvernos un lobo en todo este proceso y sin lugar a dudas eso es verdadera magia cinematográfica. Es una de las tantas cosas por las que simplemente solo tengo flores para esta película.

En ese sentido, aunque inicie este texto destacando su trabajo técnico, creo que lo más importante al final es que Wolfwalkers es una obra prodigiosa que tiene las suficientes capas narrativas para no solo maravillarse con su bella animación. Y eso lo vuelve justamente una experiencia memorable.

Publicado en Mouse

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