Como un videojuego de mazmorras, con elementos de beat-em-up y perspectiva isométrica, la apuesta de Rad bien podría perderse en medio de los múltiples títulos que salen mes a mes. Sin embargo, esta realización del estudio Double Fine, y publicado bajo el alero de Bandai Namco, propone un atractivo gameplay de dificultad atractiva en el que cada partida es distinta a la anterior y eso, al menos, lo vuelve algo para tomar en cuenta.

De hecho, ese detalle conecta directamente con la historia, que nos convoca a controlar a un adolescente que debe explotar un mundo en ruinas, batallando con monstruos mutantes con el objetivo de restaurar a la civilización tras un apocalipsis provocado por unas rocas brillantes que cayeron al planeta.

La exploración de este mundo devastado implicará que nuestros genes muten, obteniendo habilidades extra que nos permiten prepararnos para la guerra y buscar la forma de salir con vida. Aunque eso último es más fácil escribirlo que concretarlo.

En el rol de este elegido, que inicialmente solo cuenta con un bate como arma de batalla, somos literalmente alterados y corrompidos al capturar la energía mutante mientras avanzamos hacia un solo destino: ser rehecho con cada muerte.

Y es que no caer en el intento es simplemente una tarea casi imposible en Rad, puesc onstantemente nos quedaremos sin energía, seremos hecho papilla por los jefes de los calabozos o, peor aún, nos caeremos a un abismo por error.

Esa situación sería solo un detalle, pero en el camino de esta aventura lo perdemos casi todo con cada muerte. No se guardan mutaciones ni gran parte avances. Cada caída en desgracia representa un retorno a fojas cero, siguiendo una tónica ochentera que se instala como un verdadero viaje a aquella época en la que los checkpoints para guardarlo todo simplemente no existían.

Claro que aquí el deceso cobra significado, ya que cada muerte nos dará la experiencia necesaria – y si tenemos suerte algo quedará en la siguiente ronda – para no cometer el mismo error.

Claro, hay quienes simplemente no morirán en Rad. Existe gente que logra terminar juegos como Battletoads sin perder ni una sola vida, pero la mayoría no es así. Por eso Rad nos devuelve a esa época en donde la frustración se instalaba como un factor importante para empujarnos a mejorar.

De hecho, una vez que le agarras la mano a este videojuego, realmente se notan los avances y entenderás lo clave que es utilizar correctamente los ataques a distancia.

Claro que en este videojuego las mutaciones son aleatorias y nos brindan una amplia variedad de habilidades, ya sea para lanzar miembros como un búmerang, dar vida a pequeños bebés que harán el trabajo sucio, lanzar bolas de fuego o ganar algún tipo de invulnerabilidad para algunos sectores de los escenarios.

La combinación de estas, que depende del mero azar, es vital para lograr avanzar mientras nos enfrentamos a la legión de enemigos que se acercan cada vez que exploramos los mapas y abrimos caminos mientras la flora va resurgiendo desde los páramos.

Todo esto es potenciado por un atractivo diseño visual, tanto en los objetos que decoran los escenarios como en los propios monstruos que tenemos que destruir, y una banda sonora de corte de ciencia ficción que está bastante buena, no solo en términos de música, sino que también en los efectos sonoros.

A la larga, tengan en claro que Rad es un videojuego que invita a repetir su travesía una y otra vez, mientras le agarramos la mano al procedimiento de enfrentamiento ante los diversos enemigos, que siempre dan el espacio para recibir un ataque en el momento justo, y batallamos contra la tensión propia de resguardar la energía al máximo para no tener que enfrentar la frustración de morir. Si aquello no les atrae, simplemente no eres lo suficientemente Rad. Y eso está bien, no todos pueden serlo.

Rad está disponible en Microsoft Windows, Nintendo Switch, Xbox One y , PlayStation 4. Esta última fue la plataforma que utilizamos para la reseña.

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