Antes de su estreno, la nueva versión de Hellboy no la tenía fácil para encantar a su audiencia. No solo estaba la sombra de lo hecho en el pasado por Guillermo del Toro, sino que además su propuesta categoría R la adelantaba como algo que saldría de los esquemas habituales de las adaptaciones de cómics que buscan enganchar a un público general con propuestas que simplemente juegan a la segura.

El resultado de esta nueva versión cinematográfica, dirigida por Neil Marshall (Dog Soldiers, The Descent), implica una película que parece realizada con herramientas y símbolos del siglo pasado. Es decir, con toda la sangre y miembros cortados de criaturas fantásticas, que la enfoca hacia un público adulto, esta propuesta tiene la pinta de esas viejas adaptaciones que eran más actitud que forma.

Aunque se podría decir que este nuevo Hellboy cumple con su objetivo de concretar una adaptación distinta, también es necesario recalcar que se trata de una propuesta que hace lo que hace, porque tiene menos presupuesto de lo que necesitaría su mundo fantástico para lucir de primera línea. Al mismo tiempo, y esta es su principal traba, desde su primer minuto queda en claro que sus realizadores metieron más cosas a la juguera de lo debido.

A grandes rasgos, esta historia involucra a una gran cantidad de historias de los cómics del personaje creado por Mike Mignola, poniendo especial énfasis en sagas como “Hellboy y la Cacería Salvaje“, que le dio un origen arturiano al personaje, o “Hellboy. La Tormenta y la Furia“. También cuenta con elementos de “Hellboy: La llamada de la Oscuridad” y “Hellboy en México“, pero en pantalla se nota la mescolanza excesiva.

Más aún, el resultado de esta adaptación nos entrega una película que intenta abordar más de lo que sus capacidades dan y que deja en claro que la historia se habría beneficiado con un recorte no menor.

Aquí no solo se dan el tiempo para explorar el origen del personaje, sino que también de abordar cosas que quedaron en el tintero en la etapa del Toro. En un momento, especialmente en lo que concierne al último acto de la película, queda la sensación de que incluyeron algunas imágenes simplemente porque la anterior versión no alcanzó a abordarlas. Ahí está, por ejemplo, el destino de Hellboy como destructor de mundos. Anung un Rama, con todo y corona.

La madre del cordero es que la película pierde la atención de la audiencia por esa misma mezcolanza temática, que provoca que su desarrollo narrativo no cuaja completamente. Pero con todo eso, y pese a que cuenta con aspectos técnicos que no funcionan del todo, este nuevo Hellboy incluye algunas secuencias visuales fascinantes que chocan con esa idea que busca establecerla como una de las peores adaptaciones de cómics. ¿Cuántas películas han visto en realidad aquellos que lo plantean? ¿Solo las posteriores al año 2000?

Con todos sus tropiezos técnicos y problemas de cohesión narrativa entre escena y escena,  o hasta el desencanto que implican sus malos personajes secundarios, esta nueva adaptación logra recuperar cosas muy llamativas de los cómics, tanto en el diseño de criaturas como algunos escenarios de fantasía que lucen mejor que los de otras películas con el doble del presupuesto. Eso la vuelve una experiencia lo suficientemente distinta como para no descartarla así como así.

Por ejemplo, hay una secuencia en una casa andante del demonio Baba Yaga que paga la entrada, pero también hay momentos sanguinarios y diseños estrafalarios, en donde monstruos vaginescos caminan por la ciudad, que le dan valor a esta experiencia simplemente por que no ves cosas como esta en el cine de forma habitual.

Más allá de esos diseños de criaturas o esas secuencias de gore exagerado, la propia creación de Hellboy funciona más de lo esperado, especialmente porque no busca ser una mera réplica de la gran versión que en el pasado interpretó Ron Perlman. Este nuevo héroe “Rojo”, interpretado por David Harbour, es catapultado como un tipo cuyo norte está completamente perdido y esa es una de las cosas que mejor funcionan. Es una especie de pegamento que impide que esto sea un completo descalabro.

En definitiva, ¿Es esta la mejor película de Hellboy que podrían haber hecho? Lo cierto es que la respuesta a esa interrogante es que ni siquiera está en una liga que le permita ser definida como una buena película. Pero su propuesta es lo suficientemente rancia, que es inevitable encontrar algunas cosas que sí funcionan, o le dan un toque de fascinación clase B que provocan que esto no sea un completo desperdicio. Pero claro, si esperan algo al nivel de Guillermo del Toro, mejor ni se den la molestia.

Publicado en Mouse