La Depredador original brilló, entre muchas otras cosas, por la simpleza de su propuesta. Ahí, con Little Richard de fondo, nos presentó a un grupo de soldados, perfectos representantes de aquellos héroes de la acción ochentera, solo para despacharlos uno a uno ante las garras de un enemigo invisible que se mueve entre la jungla.

Más importante aún, la película original contó con una sorpresa, la revelación del cazador intergaláctico, que en manos del director John McTiernan fue manejada con un suspenso que simplemente no puede ser replicado por ninguna secuela o remake. Ya fue.

La nueva película de la franquicia, llamada simplemente El Depredador, tiene claro ese último punto, por lo que tira toda la carne a la parrilla desde el primer minuto para presentarnos un escenario en el que buscan explotar nuevas clases de estos extraterrestres mientras, en el camino, tratan de dejar contento a los fans entregando guiños menores relacionados a las películas previas.

Pero también es cierto que con esta película se complican más de la cuenta con una historia más interesada en expandir la mitología de la saga, y ser el eslabón de todo lo que venga después, que de decidirse a explorar una sola cosa nueva que valga la pena. De hecho, tengan en cuenta que aquí nos explican con peras y manzanas el porqué los depredadores cazan a través del cosmos, lo que técnicamente nunca ha sido necesario de abordar.

Dicha complicación va de la mano con los múltiples elementos de historia a la que le hincan el diente, tanto en lo que concierne al lenguaje de los depredadores como al misterio en torno a los problemas entre los propios depredadores, lo que tampoco es tan novedoso considerando que la película anterior, Predators, ya abordaba diferentes tipos y apariencias para estos extraterrestres.

La idea al final es una sola: esta película busca expandir el universo de la saga, para potenciales nuevas secuelas. Lo que es obvio, ya que ese es el negocio que está marcando a Hollywood. Si estás aburrido de esa moda, inevitablemente hay cosas que aquí te harán mucho, mucho ruido.

La historia de El Depredador comienza en el espacio, con dos naves intercambiando disparos y una de ellas abriendo un portal en el espacio-tiempo para trasladarse hasta La Tierra. Ahí la nave desciende a toda velocidad, con un ejemplar de estos clásicos especímenes del cine logrando sobrevivir al impacto sin mayor problema.

El problema es que su arribo lo lleva a toparse con un grupo de soldados que logran incapacitarlo. Más aún, el único sobreviviente humano, y protagonista de esta historia interpretado por Boyd Holbrook (Narcos, Logan), se hace de un par de implementos de la criatura inmóvil.

En el camino, agentes del Gobierno, que forman parte de un proyecto secreto que ha seguido cada ataque de los depredadores sobre suelo terrestre, inician la búsqueda de rastros, dando con el depredador y las pistas sobre el sobreviviente. De ahí que obviamente los agentes dan con el soldado, quien logró enviar los objetos extraterrestres a su casa.

Pero el paquete se desvía hasta el lugar en donde vive su familia, por lo que su hijo, quien padece una clase de autismo, toma contacto con los dispositivos extraterrestres y comienza a aprender sobre el idioma y tecnología de los depredadores, activando una señal que es captada por la otra nave vista al comienzo de esta película. Y todo lo anterior ocurre en los primeros minutos de metraje que se sienten como puro desorden.

La historia establece que el soldado es recluido al interior de un bus, junto a otros problemáticos soldados, justo en el momento en que la criatura extraterrestre escapa de sus captores, inicia la búsqueda de sus artefactos y un nuevo tipo de depredador hace acto de presencia dejando en claro que en toda la misión hay algo más en juego .

Más allá de los giros enrevesados, que no son difíciles de seguir pero que sí dan más vueltas de las necesarias, o los elementos estúpidos que no tienen ni pies ni cabeza, como el hecho de que una científica esté a la altura de un soldado para sumarse a la cacería, esta película cuenta con un par de ideas bastante llamativas en medio de su sólido trabajo técnico, que en la mayoría de las escenas plantea bien la acción, o los constantes recordatorios de la clásica música de Alan Silvestri.

De partida, El Depredador es una película sumamente sangrienta, que no se guarda nada y que entrega un par de momentos gore que probablemente apreciarán todos los fans de la acción más dura. Vemos cortes de cabeza, apuñalamientos carniceros y mucha sangre. La acción, por otro lado, también tiene momentos bastante novedosos para la saga, aunque rara vez llega al nivel de pulcritud de la primera entrega.

La película también cuenta con diálogos divertidos, pero se la juega por ser muy políticamente incorrecta, lo que provoca que se pase de rosca y no sepa cuando apretar el freno para no caer un desenfreno que queda medio falso en la interacción entre sus personajes.

De hecho, otro elemento que funciona a cuenta gotas es la interacción entre los personajes, las subtramas y los arcos para cada soldado. Aunque algunos son carismáticos, como el que padece síndrome de Tourette e interpreta Thomas Jane, la película rara vez hace que su elenco cuaje y eso es algo que provoca que sean más sus escenas que no funcionan que las que sí lo hacen. Con eso en cuenta, obviamente el poco manejo del equipo de soldados es otro de los elementos por lo que El Depredador no está ni cerca del original.

Pero también hay que considerar el legado de esta franquicia, que en la última década y media tuvo puntos tan bajos como Alien versus Depredador 2. Por el contrario, esta película co-escrita y dirigida por Shane Black es por lo menos mejor que las últimas tres películas de la saga. Claro que el hecho de que uno baje la vara no provoca que se salve de la multitud de elementos deficientes que suda, como la muerte súbita de un personaje realmente importante para su historia que pasa totalmente inadvertida.

En definitiva, probablemente El Depredador no defraudará a todo aquél que busque acción descerebrada, pero no hay más que eso. Esta reinvención, que incluye un final que no pega ni junta, podría haber dado para más si hubiese sido un poco menos desatada, ya que eso permite que sea súper fácil dejarla solo como una película tonta más.

Shane Black, quien actuó en la película original, y su co-escritor, Fred Dekker (The Monster Squad), dejan en claro su conocimiento y aprecio por este universo. Inclusive uno puede argumentar que tienen buenas ideas que están completamente desatadas, pero mejor habría sido que se guardaran un poco y no las desenvolviesen del todo. Quizás habría sido mejor que guardasen un par de municiones.

El manejo al final crea un problema de tono que pone a la audiencia dentro de una licuadora. Y dicho revoltijo generado, por mucho que sea sangriento, nunca aprovecha una máxima extremadamente simple que señalizó el camino hace más de tres décadas: “si sangra, puede morir”. La verdad es que nunca fue necesario verlo desangrarse.

Publicada en Mouse

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