Cuando alguien me habla de economía, entro en una serie de divagaciones mentales que terminan llevándome a la garras de morfeo. Que la bolsa, los indicadores, las compañías y las movidas del dólar. Una gran y reverenda lata. El director Oliver Stone regresa una vez más a ese terreno con la secuela de la  simbólica película de 1987 que le valió el Oscar a Michael Douglas por interpretar el clásico rol de Gordon Gekko. Es el retorno del especulador por excelencia del pecado capital de la codicia. Y, una vez más, Stone logra impregnar de atractivo a un escenario tan poco amigable, a través del interesante manejo de personajes cuyo interés va de la mano del exceso y ostentación de la época que representa.

Una secuela en los tiempos de las nuevas tecnologías es una buena idea más que una simple recuperación de una marca. El original es una película de otros tiempos, en donde su revisión económica, más allá de la base conceptual en donde nos decían que «la codicia es buena«, parece prehistórica antes el avance computacional de pantallas LCD y datos analizados en línea. Esta segunda entrega, en donde el director de Pelotón debuta en el terreno de las secuelas, recupera a este dinosaurio al borde de la extinción que es Gordon Gekko, le quita el poder que ostentó en el pasado y lo suelta sin poder acceder a la sabana bursátil. Es un viejo león que, pese a sus notables conocimientos y manejo, ya no puede estar en la manada de traje y corbata por el error que lo llevó a la cárcel: lo descubrieron. Lo único que tiene son sus experimentados rugidos.

En ese entorno conocemos a Jake Moore (Shia LaBeouf), un tipo de ideales que reconoce las habilidades del viejo zorro pero que está en una relación amorosa con la hija de Gekko (Carey Mulligan), quien simplemente se niega a ver a su padre debido a los incidentes que destruyeron a su familia durante la estadía paterna tras las rejas. Pero una vez que el mentor de Jake, interpretado por el sólido Frank Langella, en las vísperas del reciente colapso económico en Estados Unidos, es destruido en cada aspecto con todo y su compañía por el acaudalado Bretton James (Josh Brolin), el joven idealista comienza a tantear el lado oscuro de la codicia. Razones no le faltan tampoco. El tipo ve como su sueño de solventar económicamente un proyecto de energía renovable se va al demonio con el incidente, situación que sustenta una razón más para cobrar venganza bajo los consejos de un Gordon Gekko que, tras ser completamente irrelevante para el mundo actual de Wall Street, solo busca recuperar a su hija.

Wall Street 2: La Codicia Nunca Muere tiene su fortaleza en mayor potencia cuando la maquinación de sus personajes está en pleno desarrollo en torno al poder, la venganza, y el dinero. Ese es su atractivo y fortaleza, atraer en un entorno tan poco alegre. El gancho está avalado tanto por el trabajo magnético secundario de Michael Douglas y Josh Brolin, un villano que realmente deja claro porque está en la cima del mundo, como por el protagonismo de un Shia LaBeouf que deja atrás su habitual ‘nounounou’ de lado, y todo lo que eso ha acarreado en los últimos años, para entrar quizás por vez primera en un rol que se siente realmente maduro. La relación entre Gekko y Jake Moore es la base de una historia en donde pasado y presente se enfrentan bajo la misma idea: nada ha cambiado, porque el dinero sigue manejando al mundo.

No obstante, una serie de elementos impiden que esta secuela esté al nivel del original: los choques entre los tres personajes de cuello y corbata no tienen tanto tiempo de desarrollo en contraste a la relación amorosa principal, mientras subtramas desvían la atención conspirativa más atractiva. Por ejemplo, todo el tema de la tecnología energética es desarrollado más como accesorio que otra cosa, cuando podría haber realmente enganchado en torno al discurso principal que mueve al personaje de LaBeouf. Queda implícito que, más que un afán caritativo, Jake juega sus cartas por el sustento económico a futuro, pero esa situación no se desarrolla completamente. Suponemos que está en su mente como objetivo, pero sus acciones no lo demuestran. A grandes rasgos, solo sigue la visión de mundo de Gekko por factores más idealistas del poder que por las acciones oscuras. Le falta ensuciar sus manos en el lodo como si lo hacía el personaje de Charlie Sheen, quien tiene un cameo en esta secuela.

A la larga, Wall Street 2: La Codicia Nunca Muere tiene una historia atractiva, sólidas actuaciones, confrontaciones que se ganan sus bonos, pero el guión de Allen Loeb y Stephen Schiff no es constante en su ritmo.  Sube y baja como las acciones de una sociedad anónima de un equipo de fútbol. Le hace falta estar más focalizada en la conspiración bursátil, lo más atractivo y simbólico, como para hacer sustentable algunos giros en la historia enraizados en las relaciones familiares. No obstante, Oliver Stone al menos está enfocado como no lo hacía hace tiempo. Quizás desde Un Domingo Cualquiera en 1999,  que también hacía atractivo algo tan gringo como el fútbol americano. Algo que se agradece si es que sufriste con sus más recientes películas, más allá que esta secuela esté más asociada a los chispazos esporádicos. Aunque eso es mejor a estar totalmente devaluado.

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7 pensamientos

  1. Me hubiera gustado que Charlie Sheen tuviera más que un cameo. La veré y jusgaré si Stone es digno de las secuelas.

  2. entonces sacaron al verdadero stone del sotano donde lo tenian para hacer esta secuela

    ¿lo habran liberado o lo volverian a encerrar?

  3. XD el nombre de la peli…
    es como «McDonals 2 : tapar arterias es un trabajo poco etico pero alguien tiene que haerlo» XD
    bueno, debe ser buena, nunca hay que juzgar por nombres…

  4. ¡Muerte a Shia LaBeouf! Tiene el toque del Rey Midas, pero al revés: todo lo que toca lo convierte en mierda!

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