Apenas se disipan los humos del final de Blackest Night, su anunciada secuela, Brightest Day, ya ve la luz. Aprovechando todo el impulso que el bien planeado evento germinado de la mente de Geoff “yo-soy-DC” Johns ha dejado, la nueva saga, que es más bien una gran línea argumental que concatena distintos títulos, propone una encrucijada interesante. La idea es conservar lo exitoso de experimentos anteriores (la periodicidad aumentada, el reparto coral de secundarios, la marcha de eventos que pueden afectar a todo el Universo) y a la vez mejorar otros aspectos en los que fallaron miserablemente, como es el estructurar secuencias coherentes, presentar personajes interesantes y garantizar una repercusión efectiva en la continuidad del Universo DC.

Y quizá este último concepto es el más clave de todos. Por una parte, Brightest Day responde al modelo de una maxiserie casi semanal, a la usanza de 52 o Countdown, pero no pretende mantener una tensión dramática artificial. Aquí la idea es enriquecer una historia que ya se viene contando desde la incubación de la exitosa saga de Green Lantern. En segundo lugar, no se trata de un evento cerrado sino más bien de una cabecera que une acontecimientos de varios títulos (como es el caso de Green Lantern, Green Lantern Corps, Green Arrow, Flash, Justice League, Birds of Prey y Titans) para generar sinergia entre todos y crear una línea propia. El referente más obvio es Marvel con sus títulos de mutantes en los ’90 o los New Avengers.

Además Johns ha conseguido estructurar una continuidad realmente prometedora para lo que habitualmente es el Universo DC, en que las líneas de secundarios rara vez se han tocado de manera relevante. Considerando la oportunidad que significa que la Santísima Trinidad DC (Supes, Bats y Wondy) anden a los tumbos o cerrados en sus propias y alambicadas tramas (bueno con WW a los tumbos no más), el verdadero y más significativo Universo DC se ha instalado actualmente en torno a Green Lantern y Flash.

¿Promete Brightest Day? Me atrevo a afirmar que sí. Apuntalado en su mitología del origen emocional de la vida en el Universo, Johns da rienda suelta a su creatividad que, increíblemente, está refundando la DC a niveles diríase místicos. Lo que parecía un jueguito de colores a lo Power Rangers ha develado ser prácticamente una cosmogonía. No se alteren si les digo que la influencia religiosa en los escritos de Johns ya es indisimulable, pues el tipo está escribiendo (o más bien develando) el Antiguo Testamento del UDC.

Spoilers, actívense:

Brightest Day promete contar, en su saga principal, las causas del misterioso retorno de 12 personajes – ¿apóstoles? – que, ligados entre sí por el vórtex viviente que es Boston Brand (ex Deadman), están a su vez conectados a la Luz Blanca de la vida y a su misteriosa encarnación ya vista en Blackest Night. No todo parece ser positivo para los retornados, además de un sinnúmero de preguntas que los atormentan. De entre las más interesantes está la de Aquaman, que se tortura por haber regresado en desmedro de sus compañeros (Aqualad, Tula) y se enfrenta a su naturaleza más oscura encarnada en un miedo… al ¡¿mar?!

Asimismo nos tantean la nueva postura de vida del Detective Marciano, esta vez enfrentando el vaso medio lleno, y los conflictos de personajes sin mayor protagonismo en el pasado como Jade, Hawk, Capitán Boomerang, Firestorm y el mismo Boston Brand. Ellos deben básicamente re-adaptarse a un mundo que ya los dejó atrás o que, definitivamente, les es hostil. En definitiva, y como gran cliffhanger en Brightest Day #0 para engancharnos por todo lo ancho de la saga, está la visión de Boston Brand al conectarse con la misteriosa fuente que anticipa los argumentos venideros y la verdad es que varios, al menos en el papel, prometen. ¿Mera sometiendo a Aquaman? ¿Detective Marciano literalmente hecho puré? ¿Firestorm definitivamente corrupto? ¿Maxwell Lord asesinando al nuevo Blue Beetle?

¿Garantías? La consistencia de Johns cuando se trata de la mitología incubada en Green Lantern, además del buen oficio de Peter Tomasi que, hay que decirlo, apuntala al buen Geoff en su lado más débil: los tiempos narrativos. ¿En contra? Lo de siempre: Dan Didio y sus intrusiones editoriales, que a fuerza de marketear o derivar a otros avatares del momento suele inmiscuirse en las resoluciones argumentales, con resultados catastróficos.

¿Saldrá todo bien? Por DC y por el nivel del cómic mainstream, esperemos que si.