Lo primero que se me vino a la mente con Reyes de la Calle (Street Kings) fue preguntarme a quién diablos se le ocurrió elegir a Keanu Reeves para dar vida a un policía cabrón. Cero credibilidad para alguien que actúa siempre igual y que aquí fue elegido para interpretar a Tom Ludlow, el más letal agente de del Departamento de Los Angeles. Dicho eso, de que la película es entretenida lo es… pero con otro actor quizás la cosa hubiese sido más creíble o hubiese pasado mucho más piola el refrito que se congrega aquí. Aunque pensándolo bien, eso es bastante dificilón.

La trama aborda la corrupción policíaca en medio de una película que lleva su acción a escenas más sangrientas de lo habitual, para hacer mucho más realista todo lo que sucede. Obvio, porque hay otras cosas que no se le compran. Por eso allí está Ludlow (Reeves) un oficial que, luego de perder a su mujer, se dedica a ser el brazo letal de la policía. Hace lo que nadie más haría, llega a límites que están fuera de la ley y por ende, es el típico cabrón por naturaleza. Todo esto sucede con el beneplácito de su comandante Jack Wander, un Forest Whitaker que quiere parecerse en demasía al Denzel Washington de Día de Entrenamiento.

En todo caso, no es que esta sea una mala película. Solo tiene muchas cosas que ya se han visto y por eso uno prevé todo lo que sucederá, a sabiendas de un género que no tiene muchas sorpresas a estas alturas. Por ejemplo, la película comienza de forma notable con la cacería que realiza Ludlow a unos coreanos mala onda que han raptado a un par de jóvenes gemelas orientales, con el fin de venderlas a las turbias redes de pedofilia en la red. Su furia se desata y su accionar despierta la investigación de Asuntos Internos, que tiene su génesis en la ayuda que realiza el ex compañero de Ludlow a la causa de la limpieza policíaca.

De ahí en más comienzan una serie de turbiedades. Su ex compañero es asesinado brutalmente, justo cuando Ludlow quiere darle la pateadura de su vida por hocicón. Esto complica su posición y es cesado temporalmente de sus funciones para protegerlo, y es que todos protegen al letal brazo de la ley. Sin embargo, Ludlow comienza a investigar el bestial crimen de su antiguo camarada, situación que lo llevará a las peores calles de Los Ángeles.

Pese a todo, uno de los puntos fuertes de la película es que su estilo es bastante intenso y más oscuro de lo habitual. Aunque el monótono rostro de Keanu Reeves no cambie, el ambiente de la película logra cautivar gracias a la turbia atmósfera. Además, aunque uno sabe de antemano todo lo que sucederá (a los 30 minutos uno ya sabe como todo terminará), el ritmo se las ingenia para crear tensión donde debería ser más difícil que exista: cuando no existe sorpresa.

Precisamente, Reyes de la Calle tiene un aire muy similar a otras películas por lo que todo se siente ya visto. No por nada el director David Ayer escribió el guión de Día de Entrenamiento (Training Day) y James Ellroy (Autor de la novela L.A. Confidencial) es poco menos que el mentor y sensei de este género. La cosa no queda ahí en todo caso, con las actuaciones pasa lo mismo. Dado el caso de Whitaker, también está presente Hugh Laurie quien interpreta a un policía de asuntos internos al que le falta el puro bastón para quedar igualito a su personaje televisivo: Dr. House.

En resumen, si uno no toma mucho en cuenta que Reyes de la Calle fuerza la credibilidad debido a lo anticipado de los escenarios que va presentando, los cambios de corazón demasiado fuera lógica y la monotonía Reeves, entonces puede pasar un rato entretenido hasta antes del final. Ahora, si después del epilogo evidente, claro y falto de chispa no se ponen a disparar en contra de la pantalla, entonces, tal como me paso a mí, habrán aceptado desde los créditos iniciales que Reyes de la Calle no es ninguna novedad.

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