En marzo de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió la creación de una nueva rama de las Fuerzas Armadas de su país para afrontar “al nuevo dominio del combate bélico”: el espacio.

Ese anuncio, y la posterior creación de la rama, generó críticas presupuestarias y políticas, pero también dio pie a más de un chiste por las limitaciones tecnológicas de la humanidad, lo que genera Trump como figura y los potenciales peligros del espacio exterior nutridos por la ciencia ficción.

De ahí que la nueva serie de Netflix toma esa base para crear una propuesta absurda que balancea sus toques de comedia bajo una idea: sí, un tema como este puede ser ridiculizado, pero su creación durante la era Trump también puede generar una farsa digna de contar. Y es eso lo que terminan abrazando.

No es The Office 2

De partida, hay que tener en cuenta que no es menor el peso con el que carga esta producción. No solo se trata de una comedia creada por Greg Daniels, quien desarrolló la adaptación de The Office para Estados Unidos, ya que también es protagonizada por Steve Carell. Por eso los fans de aquella serie tenían grandes expectativas.

Pero el resultado final marca las diferencias desde el primer minuto, pues no involucra ni a un bufón irrepetible como Michael Scott ni a un humor de situaciones cotidianas en un escenario laboral. Su propuesta va por una vía distinta: utilizar a este gigantesco entorno de alcances bobos para satírizar livianamente al aparato militar-industrial en la era Trump.

Al centro de eso está el general Mark R. Naird, el personaje interpretado por Carell, quien es un militar de carrera que en vez de recibir el ascenso al más alto rango en la Fuerza Aérea que esperaba, termina a cargo de una misión informada por un tweet con probables errores ortográficos de su presidente: ahora hay que poner las botas en la luna (En realidad el mandatario escribe “senos”, por lo que hacen referencia a un probable error de tipeo… o quizás no).

A pesar de que en Space Force nunca nombran a Trump, múltiples detalles dan a entender que el único mandatario que ha recibido una Stone Cold stunner en la historia está tras la solicitud. Y eso convierte a un montón de situaciones en algo mucho más gracioso, ya sea cuando la primera dama busca intervenir aportando ideas para los trajes de los astronautas o los personajes reciben los comentarios sobre lo que está diciendo el presidente.

Pero ante todo lo anterior, igual hay que tener en cuenta que Space Force, a pesar de contar con todo el carisma de Steve Carell al ritmo de Kokomo, no es completamente exitosa en el resto, ya que en más de una ocasión decae tanto en ritmo como en el aterrizaje de sus chistes. Así es que si no enganchan con su farsa, es probable que no enganchen para nada con su propuesta.

Botas en la luna

La serie de todas formas tiene elementos que permiten que se mantenga dando saltitos como los de un astronauta en el terreno lunar. De hecho, la serie funciona bastante bien cuando logra sacar partido a las situaciones imprácticas que se generan una vez que todo está en funcionamiento en la Fuerza Espacial. A la vez, se beneficia de ese escenario porque también es justo cuando comienza a actuar el elenco de personajes secundarios que la componen.

Ahí está, por ejemplo, el principal asesor científico de Naird, interpretado de gran forma por John Malkovich y quien se convierte en una gran contraparte para el protagonista. Pero también hay un par de rostros conocidos que terminan siendo un aporte, como es el caso de Jimmy Ouyang, conocido por dar vida a Jian-Yang en Silicon Valley y que aquí interpreta a un científico que poco a poco se va haciendo de más espacio en la historia.

En el camino también hay discusiones presupuestarias, peticiones administrativas sin sentido, misterios familiares sobre el destino de la esposa de Naird y varias relaciones que van desarrollándose poco a poco entre los científicos, militares y astronautas en entrenamiento. Algunas funcionan, otras no. Como el propio aparato de esta Fuerza Espacial.

Pero Space Force gana confianza una vez que su mundo se abre y el equipo de personajes deben salvar a un satélite o deben preparar el camino para una misión al espacio, mientras se despilfarra dinero sin asco y animales entran en juego en situaciones hilarantes en la carrera espacial. Prepárense para las escenas con el simio.

Ese es el terreno en el que la serie encuentra su mejor contrapunto, especialmente porque cuenta con cosas que la diferencian de todo lo que se hace actualmente en las series de comedia. Y, más importante aún, evita ser un mero remedo de algo exitoso que ya fue.