Las películas del universo de El Conjuro, como idea, siempre tienen mucho potencial. Algunos dirán que, con todos sus miedos calculados, las películas centrales dirigidas por James Wan valen la pena, mientras que otros argumentarán que la película sobre el origen de Annabelle opacó completamente los decepcionantes resultados de la primera entrega del spin-off. Pero en términos generales, y más allá del potencial de cada caso, la franquicia de terror no ha logrado cuajar y proyectos como “La Monja” solo se quedan en las generalidades de su idea principal.

Es ahí en donde juega La Maldición de La Llorona, una película que forma parte de este universo de manera tangencial y cuyo mayor pecado es ser menos latina de lo que debería. La propia idea de “La Llorona”, que en el fondo es muy buena como un alma en pena que causa el mal clamando la clásica frase del “dónde están mis hijos”, se aferró a un imaginario latinoamericano que la instaló como un versión mucho más atractiva del “viejo del saco”.

Pero esta película, dirigida por el debutante Michael Chaves, fue pasada por un cedazo en el que protagonismo es trasladado a una familia que incluye a una matriarca interpretada por Linda Cardellini y que inevitablemente lleva a verificar que su propuesta fue co-escrita por un guionista alemán-estadounidense.  Ese solo dato explica perfectamente el por qué esta película se siente como un trabajo por encargo que, a lo mucho, busca establecer al espectro como un espejo del maltrato infantil.

La Maldición de la Llorona se instala así como un producto regurgitado que utiliza un concepto muy atractivo, pero no lo entiende y simplemente lo transforma en otro monstruo de este cine de saltos y sonidos estridentes. Más aún, su propuesta involucra algunos aspectos teológicos que no cuajan para nada, pero que están probablemente ahí simplemente porque resultan como decorado para un proyecto de terror de este tipo.

Quizás el principal problema de este nuevo spinoff es que luce y se desarrolla de una forma demasiado esquemática, en donde es demasiado fácil prever en qué momento llegarán los saltitos que buscan generarle a la audiencia. No menos esquemática es la forma en que la propia historia comienza a desarrollarse una vez que una familia latina se ve completamente descompuesta por la intervención de una trabajadora social que buscaba hacer el bien, pero se topa con un mal que no comprende.

Más allá de cómo está realizada esta película, la propia premisa se diluye para caer en zanjas de las que nunca logra salir. En esta versión cinematográfica, siguen la idea de que La Llorona fue una mujer que asesinó a sus hijos – tras descubrir que su pareja la engañó con otra mujer – y que posteriormente pena por las calles, buscando tanto un perdón que nunca llegará como a nuevos niños que le llenen un vacío eterno. En el camino, el concepto queda más arraigado a una idea más propia de películas como El Aro, en donde el espectro genera una sucesión de víctimas en donde el mal se puede traspasar a otros.

Probablemente una película de La Llorona podría haber dado para mucho más, pero el resultado de esta producción entrega lugares comunes y situaciones que se han visto mucho mejor desarrolladas en otras películas que resuelven de mejor forma el concepto que tienen al centro de su historia. Y todo vuelve a lo que abordado al comienzo, ya que pese a que la película cuenta con personajes secundarios latinos, el envoltorio estadounidense le quita identidad a la historia. Lo único rescatable es el rol de un curandero, interpretado por el actor que le dio vida a Tuco Salamanca en Breaking Bad.

Pero el tedio predecible de sus secuencias de terror o el propio diseño del monstruo definen a una película de terror marcada por las carencias. La falta de sorpresa, y la forma en la que todo está absolutamente medido, también terminan jugándole en contra a una Maldición de la Llorona que además luce muy pobre en su desarrollo. Quizás por eso quedé con una sola idea: sus realizadores solo estaban siguiendo el manual de estilo del Conjuroverso. Y no fueron los mejores alumnos en esa tarea.

Reseña publicada en Mouse