Existe un gran momento en Shazam! que define a toda su propuesta. Al mismo tiempo, se trata de una secuencia que funciona como un fino guiño que instala firmemente su bandera, haciéndola flamear ante la oscura y pesada mochila que cargaron las películas del universo DC tras el estreno de Batman v. Superman.

Lo que ese estandarte representa, por un lado, es que no todo en un universo de superhéroes tiene que parecer hecho con el mismo molde, ya que ni siquiera los cómics son así. Al mismo tiempo, deja en claro que no es necesario borrar o cancelar aquello que no contentó a una mayoría. Solo hay que responder por ello.

Precisamente, dicha escena, que involucra a un niño jugando con las figuras de acción del hombre de acero y el hombre murciélago, junto a una notable reacción relacionada a lo que representa este nuevo superhéroe, tiene el sabor de los mejores manjares superheroicos y da cuenta de lo que a muchos no les gustó. Además, establece que las propuestas de superhéroes, por sobre todas las cosas, tienen que entender lo que define a sus personajes.

Por eso Shazam!, más que Wonder Woman o Aquaman, se instala como el verdadero punto de reinicio para la oferta de superhéroes de Warner Bros. No se trata de un borrón y cuenta nueva que elimina todo lo existente, ya que en términos narrativos no deshace nada de lo que establecieron las obras dirigidas por Zack Snyder, pero sí es un nuevo punto de partida que no se restringe a funcionar como una mera corrección de ruta.

Sacándose de encima las trabas de la pesadumbre contemporánea que imprimió Snyder. Shazam! impulsa su relato, entendiendo que los héroes DC son dioses que caminan en la marcha junto a la humanidad, abrazando al suicida que cree que perdió todas sus fuerzas, y está a punto de lanzarse al vacío, o impidiendo que un crimen se vuelva a cometer en un callejón en donde antaño murió una pareja. Y Shazam!, en ese escenario, es el más inocente de todos, un soplo sano de aire fresco que no la tiene fácil a la hora de entender su rol, pero no por eso es el más bobo.

Antaño, a partir de su origen como sucedáneo de Superman, el antiguo héroe conocido como Capitán Marvel se instalaba como anticuado y por eso mismo no siempre estuvo con series regulares en los cómics. Pero las reinvenciones modernas han logrado que su propio sentido de vieja escuela lo haga brillar frente al resto, lo que hace brillar su sentido del deber en cómics tan apocalípticos como Kingdom Come.

Ahí es donde radica uno de sus encantos, ya que muchas veces los desafíos de una adaptación se pierden en aquella nebulosa que deben confrontar los realizadores, especialmente ante las exigencias de masividad que se le piden a los productos que pertenecen al género que actualmente es el más lucrativo de la industria cinematográfica.

Obviamente Shazam! no logra desprenderse de algunos de los vicios que se generan en ese camino, por que en el fondo igual sigue actuando como blockbuster, pero la gran diferencia radica en el hecho de que esta producción entiende perfectamente a su personaje principal y, por muy liviano que el contexto sea, no se hace problemas a la hora de intentar darle algo más de sustancia a su relato.

Aquí crean una historia para sustentar los ejes temáticos que se cruzan en una propuesta de origen, que parte desde el abandono de un niño y termina justificando a una familia sustituta. Al mismo tiempo, nos presentan a un villano aparentemente débil, pero que se instala como un espejo oscuro que amenaza siempre al héroe, no como peligro, sino que en lo que podría llegar a convertirse.

Todo eso, más encima, lo concretan sacándole el jugo a la que quizás es la mayor fortaleza de este héroe: aquí no existe una dualidad, ni identidades secretas. Billy Batson siempre está presente. Y quizás por eso mismo el humor de Shazam! funciona muy bien. Ténganlo claro, a esta altura del partido ese ya no es un tema menor. El humor en las películas de superhéroes se ha convertido en una especie de nube negra para muchos de los críticos de la forma de hacer en Marvel Studios. Inclusive muchas veces se cuestiona la inclusión de bromas que están solo por estar, cumpliendo una especie de cuota que sigue una especie de fórmula mágica.

Pero los superhéroes no representan una antípoda del humor. De hecho, las bromas de Shazam! se hacen parte del relato y la propia identidad de una propuesta que entiende que lo suyo involucra a un niño con superpoderes que debe salvar el día. Cuando se entiende eso, cualquier crítica pierde sentido, ya que esta historia dirigida por David F. Sandberg saca partido a la hora de transmitir la dicha del deseo cumplido que hace bombear a su corazón.

Tomando como punto de partida la reinvención de Shazam! concretada por el escritor Geoff Johns y el dibujante Gary Frank, en aquel complemento que acompañó a los cómics de la Liga de la Justicia durante la denominada etapa de “Los Nuevos 52” de DC Comics, la adaptación del héroe no es del todo fiel, ni sigue una historia puntual al calco, pero sí toma elementos que actualmente son definitivos para el personaje.

En ese camino crean una adaptación que comienza presentándonos la historia de un pequeño niño llamado Thaddeus Sivana, quien no logró ser seleccionado para obtener el poder de Shazam. El clásico villano, que en los cómics siempre ha seguido más una lógica de científico loco, aquí es reinventado como un tipo despreciado por su adinerada familia.

Parte de ello se debe a que es considerado el causante de un accidente que postró a su padre, pero también se genera porque Sivana tiene una sola obsesión una vez que es interpretado de forma sólida por Mark Strong: demostrar que lo que pasó en su niñez fue real, cobrar revancha del mago y obtener el oscuro poder por el que fue seducido. Algo que está relacionado a los grandes enemigos de la humanidad, los siete pecados capitales.

A partir de esa base se inicia la búsqueda del mago, cuya vida se desvanece mientras intenta fallidamente dar con un candidato que sea justo para recibir su poder. Pero Billy Batson, un niño que se perdió en una feria y vive intentando retornar a su verdadero hogar junto a su madre, se transforma en la última esperanza mientras su vida llega a un nuevo hogar de acogida.

Lo que sigue a continuación, en sus dos horas de duración, es una historia de auto-descubrimiento, aceptación y, por sobre todas las cosas, de amor. Tanto de quererse a si mismo, cuando los hechos evidencian que aquellos que supuestamente deben amarnos simplemente no lo hacen, como de aceptar que también puede existir una familia con aquellos con los que no compartimos sangre.

En términos técnicos, en muchas secuencias se nota que esta película no tiene el mismo nivel de presupuesto que otras realizaciones superheroicas, pero sus realizadores le sacan el jugo a sus recursos para lucir tan bien como debe ser necesario. Además, el director maneja bastante bien los hilos del relato, a partir de su experiencia en Lights Out y Annabelle: Creation, para crear un par de secuencias que tienen más de terror que de propuesta de superhéroes. Eso se agradece y funciona como una bocanada de aire fresco.

Inclusive los efectos digitales, que en una primera revisión quedan al debe con un par de criaturas, no destiñen cuando uno recuerda que esta es una película que involucra a niños enfrentando las peores tentaciones del ser humano. Hasta los efectos simples para explorar los poderes del héroe, o las propias secuencias de acción, también se las ingenian para dar una vuelta de tuerca a los enfrentamientos de gente superpoderosa en una ciudad, que no pocos podría ser un escenario que ya no tiene nada nuevo que aportar. Aunque aquí logran sortear la mayoría de los desafíos, las fortalezas de Shazam! están más asociadas a lo que concierne a su elenco.

Zachary Levi está muy, pero muy bien en el rol del héroe, tanto en términos de apariencia, como en lo que concierne a su comportamiento como un niño en el cuerpo de un ser todopoderoso. Pero también el elenco secundario, incluyendo a cada niño, se luce. A la cabeza de todo está Asher Angel, quien logra darle sustento en su interpretación a los problemas que rodean a Billy Batson, pero Jack Dylan Grazer es quien termina brillando por sobre el resto, dándole vida a Freddy Freeman, el personaje más cautivante y que es un niño fanático de los superhéroes que no baja la cabeza ante los problemas físicos que padece y que ayuda a Billy a explorar sus habilidades, de formas muy jocosas, y su deber.

Shazam! es muy divertida y parece muy liviana en un primer acercamiento, pero se da el tiempo para explorar temas de abandono y rechazo que no siempre son abarcadas en el concepto de “para toda la familia”. Su humor también parece muy bobalicón, pero incluye bromas subidas de tono que funcionan muy bien, porque los niños hablan así., También esta historia tiene puntos a favor por ser una película de superhéroes que se da el tiempo de incorporar conceptos bastantes inusuales, dejando el camino abierto para explorar los elementos más raros de la galería de personajes que son parte de los cómics de Shazam.

Pero lo que termina de elevarla es su satisfactorio tercer acto, en donde finalmente sus realizadores dan rienda suelta al trasfondo de deseo cumplido que impulsa a su relato, mezclándolo con los temas de la familia que impulsan a Billy Batson a un lugar de aceptación, deber y amor.

Es una ruta en donde los héroes batallan juntos y no entre si, salvando inocentes, y luchando contra el mal. En donde el desafío definitivo no tiene por qué ser una amenaza colosal que proviene desde un agujero en el cielo o una criatura imparable creada para destruirlo todo, sino que aceptarse tal y como uno es. Ahí está la victoria de Shazam!, no solo como una propuesta de superhéroes, sino por transmitir la dicha de hacer el bien.

Publicado en Mouse