Capitana Marvel es una película inofensiva. De lugares comunes. Con más relleno de información innecesario que de sustancia. Es como ese tipo de apuestas que incluyen sorpresas, especialmente para su audiencia que sí ha leído los cómics, pero que realmente no lo son, ya que no presentan nada que antes no se hiciese en el género superheroico.

Gran parte de sus elementos son, en realidad, un juego con las expectativas de la audiencia. Una especie de truco sacado debajo de la manga a última hora, cuando muchos creían que todas las cartas estaban sobre la mesa tras el chasquido de Thanos. Y será ahí, cuando nos presentan a la que será la gran posible salvadora en el “final del juego”, en donde mejor funcionará esta propuesta con su audiencia más cautiva.

Al mismo tiempo, como la película número 21 de Marvel Studios, Capitana Marvel también avanza por una ruta previsible que no quiere reconocerse como tal, lo que ya es una característica definitoria de la factoría que hoy por hoy está en lo más alto de las listas de recaudación en Hollywood.

Y ténganlo en claro: en el escenario actual de los superhéroes, con múltiples estrenos anuales, aquellos son vicios menores y ya estamos acostumbrados a encontrarlos, verlos y detectarlos en las películas del estudio con el logo rojo. El mismo en donde hasta el más insignificante de los episodios se nos presenta como necesario, ya que nos vendieron hace rato la idea de que “todo es importante”, “todo hay que verlo” y hasta la más tonta de las secuencias post-créditos es un “imperdible”.

De hecho, en términos generales, el mayor logro de todas estas películas está siendo el hecho de que la máquina está lo suficientemente ajustada por Kevin Feige para que todo resulte, aunque esto sea en una media mediocre. Y Capitana Marvel está en la poblada nebulosa de películas que cumplen, pero no resaltan ni están entre lo mejor que han hecho en la compañía que en el pasado nos dio El Soldado de Invierno, Avengers, Iron Man o inclusive Guardianes de la Galaxia.

Por eso aquí, tras todo el camino recorrido en las 20 películas anteriores, mal no lo van a pasar. Disfrutarán los guiños, se emocionarán con los homenajes, sonreirán con la música nostálgica, especularán respecto a si una cosa calza o no con lo que nos mostraron en el pasado y hasta aplaudirán una vez que la película logra tomar vuelo tras sus primeros saltos tambaleantes. Pasen por caja, compren su entrada, tengan su dosis de técnica de Ludovico y únanse a la fiesta.

Pero tampoco es menor el hecho de que esta es  una película que avanza desde sus primeros minutos con la intención de ser todo lo contrario. Capitana Marvel se quiere vender como importante, quiere pintarse como algo que explora territorios nuevos y busca manifestar que, al tener una mujer superhéroe de protagonista, en la mayor fiesta de salchichas de la historia, la misma que se negaba a darles el foco, también puede abordar novedosamente la forma de hacer cine de superhéroes. Pero no, a la larga Capitana Marvel no sale de la fórmula de tópicos y quiebres de historia habituales, no solo de Marvel Studios, sino del propio género en habitual.

De partida tienen que tener claro que Brie Larson interpreta aquí a Vers, en una historia que juega con una dinámica en la que desde el primer minuto sabemos que es falsa. Según los primeros minutos de esta producción, Vers es parte de una unidad militar de elite Kree, llamada Starforce, y su propósito es cazar Skrulls, evitando que invadan planetas del imperio galáctico. Pero aunque Vers tiene un gran y misterioso poder en su interior, aún no está completamente entrenada por Yon-Rogg (Jude Law), ni tampoco puede recordar cómo ganó sus habilidades o lo que pasó con el resto de su vida. Simplemente no tiene recuerdos.

En el camino, durante una misión en la que su equipo es sorprendido por los cambiaformas Skrulls, y la guerrera debe enfrentar al líder Talos (Ben Mendelsohn), Vers se estrella directamente contra una tienda de Blockbuster en la Tierra a mediados de la década de 1990. Ahí comienza un nutritivo viaje de nostalgia para la audiencia mientras la verdad comienza a salir a la luz poco a poco, tanteando proyectos secretos y también reflotando viejas amistades que chocan con una idea: a qué se es fiel y qué cuenta son las que deben y no deben rendirse.

Desconociendo las costumbres del planeta, y por arte de la magia cinematográfica, rápidamente su camino se cruza con el de Nick Fury (Samuel L. Jackson), agente de S.H.I.E.L.D., y ambos comienzan a trabajar para sacar a la luz sus recuerdos fragmentados que sugieren un pasado terrícola de Vers. A partir de ahí, y con un uso de la música noventera cuestionable, y que en un momento en específico no tiene sentido alguno, inevitablemente se toparán con engaños, quiebres narrativos que buscan instalarse como grandes sorpresas y decisiones que deben justificar el por qué esta superheroína es la protagonista de su propia película.

Por un lado, con esa base de historia, el guión de Capitana Marvel logra estructurarse adecuadamente para salir de una narrativa convencional lineal sobre un humano común y corriente que adquiere habilidades extraordinarias. Aquí desmantelan y reconstruyen su pasado, utilizando ese misterio inexistente para dar con la verdadera historia de Carol Danvers y el por qué su condición de humana le dan más valor a sus poderes. Pero obviamente, como suele suceder en las películas de pop-corn, todo es superficial.

En ese escenario, el elenco de actores secundarios es el que termina impulsando un poco más a esta película, no solo en lo que concierne a Jackson, Law y especialmente Mendelsohn, sino que también en cómo terminan usando al gato Goose y los alcances del rol de Annette Bening, que de seguro generará algo de urticaria en los más talibanes. Al mismo tiempo, aunque Larson tiene una performance sin mucho brillo, su personaje termina armándose a puro ñeque y en la película hay un par de momentos que al menos permiten creer que todo puede mejorar cuando el personaje ya tenga más de una película sobre sus hombros.

Dichos momentos van de la mano con el hecho de que en primera instancia es individualista y rompe las reglas, tal y como muchos otros héroes que ya hemos visto, tanto en el cine de superhéroes como en películas como Top Gun que inevitablemente saldrán a colación, pero eso es usado para armar una ruta que nos permita entender que su humanidad es la que la llevará a batallar por lo que considera justo en el momento en que las papas quemen. Es cine de superhéroes en su esencia misma.

Sin embargo, lo que sí es tema para mi es que esta película luce pequeña. Toda su acción ocurre en espacios limitados o en sets de pantallas azules. No, la película no luce pobre, pero es inevitable notar cómo este universo cohesionado tomó como esencia a una especie de rutina de ahorro en donde todo está contenido. La primera idea que uno se forja es que eso se debe a la necesidad de ahorrar algo de dinero en la realización, pero también se trata de una situación que hasta pasaba en Infinity War, por lo que no se trata de algo nuevo. De hecho, cada vez se hace más evidente la falta de alcance épico que otras producciones, inclusive de la propia Marvel, han tenido.

Aún así, el trabajo de efectos visuales cumple con lo que uno actualmente requiere de súper producciones como estas, destacando especialmente el increíble trabajo de rejuvenecimiento digital hecho con Samuel L. Jackson para dar vida al joven Nick Fury. Muchas veces se ha criticado este apartado en el pasado, pero lo realizado en esta película está en un excelente nivel. Por el contrario, porque es raro cuando no existe un pero, el rejuvenecimiento del agente Coulson está en la vereda contraria y es realmente malo. Pero al menos sus minutos en pantalla se cuentan con uno o dos dedos de la mano.

Más allá de los factores técnicos, y las referencias pop sin sentido que no calzan cuando uno comienza a escudriñarlas en base a lo que plantea la historia, lo relevante a la larga es que Capitana Marvel hace lo que tiene que hacer, pero solo para aprobar y no al nivel “Excelsior”.

En esa línea, como punto de partida de una nueva franquicia, Capitana Marvel crea una tarima, se sube a ella y será bien difícil que la puedan mover de ahí. Es más, su reflejo es uno solo: hay espacio para seguir diversificando la oferta de superhéroes y hacer más de lo que se ha realizado hasta ahora, ya que es imperdonable que alguien como She-Hulk siga sin aparecer.

Pero cuando se pone en la balanza que esta es la película número 21 de una saga, no se puede desconocer que la vara tiene que ser otra. De hecho, más que nunca la oportunidad estaba ahí para hacer algo diferente y superior.

Claro, todo esto no quiere decir que Capitana Marvel desperdicie la oportunidad de abordar temáticas que previamente estaban un poco ausentes en el universo Marvel, especialmente en lo que concierne al punto femenino sobre las dinámicas de poder en las relaciones interpersonales, ya que sí lo hace. Pero, por las restricciones que surgen ante la necesidad superior de rellenar supuestos vacíos de la historia mayor del universo cohesionado, la película lo hace a cuenta gotas.

Lo que me queda a mi es que, sí, quizás un sector de la audiencia refunfuñará con algunos temas de Capitana Marvel, pero no hay que tomarlos en cuenta. También otras la elevarán como si fuera la última chupada del mate, pero solo porque se engullen el placebo sin chistar.

En su justa medida, esta película hace lo que tiene que hacer para cumplir con los que, enganchados, no cuestionarán nada. Pero también termina dejando una idea fuerza cada vez más presente: aunque desde Marvel Studios nos digan que lo están cambiando todo, que nos están dando algo nuevo, en realidad no hay forma de evadir el hecho de que nada lo está haciendo y todo sigue siendo más de lo mismo. Gatopardismo en su sentido más superficial, ya que de lo contrario la máquinita realmente no funciona.

vía Mouse

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