Cuando se anunció que Umbrella Academy sería convertida en una serie de televisión, la principal interrogante tenía relación con su extensión. El primer volumen de la historia del cómic de Gerard Way e ilustrada por Gabriel Bá solo involucra a una miniserie de seis números, por lo que una primera temporada de 10 episodios, pensaban los que leyeron al original, tendría que rellenar bastante para abordar lo que involucra a la saga de “la suite del Apocalipsis”.

Pero el resultado final de la adaptación estrenada por Netflix es una verdadera joya en términos de cómo construir una adaptación. No solo esta propuesta vale tanto como las mejores series basadas en cómics, sino que también demuestra que una adaptación no necesariamente tiene que ser un calco. También establece que lo más importante es hacer propia a la esencia, abrazando los conceptos y personajes para abordar una historia que, en este caso, termina brillando con luces propias.

Es decir, una vez que termina el último episodio de la primera temporada, no queda otra más que aplaudir. Por lo bien que cuaja el elenco, por lo diferenciador de cada característica que impulsa a los siete de la Academia y la forma en que utilizan conceptos súper vistos, pero para contar una historia épica en donde realmente venden la idea de que el destino del mundo está en juego.

Con esos pergaminos, decir que esta es la primera gran serie estrenada en el servicio de streaming durante este año no es ponerle más color de lo debido. El valor del cómic de Umbrella Academy habla por si solo al considerar que ganó el Premios Eisner tras su publicación, por lo que la base de la historia estaba ahí para sacarle el jugo. Pero muchas veces ha ocurrido que grandes historias son mal adaptadas, ya sea porque la gente a cargo no tiene la visión suficiente o se hacen compromisos en pro de la masificación. Eso aquí no pasa.

La historia de Umbrella Academy comienza con un hecho crucial y un verdadero bang para la historia. En 1989, 43 mujeres dan a luz instantáneamente, sin haber estado embarazadas. Siete de estos niños son adoptados por el multimillonario Reginald Hargreeves, quien los guía en su camino, ya que casi todos tienen habilidades dignas de superhéroes. De ahí que la academia en cuestión hace referencia a la condición de entrenamiento de su hogar, pero también al hecho de que los siete niños son criados como hermanos por un padre desinteresado, una madre robótica y un simio mayordomo que habla.

Décadas después, dicha familia se resquebrajó y solo se reúnen para el funeral de Hargreeves, aunque no todos llegan al lugar. Rápidamente nos vamos dando cuenta que uno de ellos murió cuando eran jóvenes, mientras que las propias personalidades y habilidades diferentes de cada uno los hacían chocar.

Ahí están Spaceboy, Número 1, el supuesto líder que nunca abandonó a su padre, posee súper fuerza y pasó años en La Luna siguiendo una misión cuyo objetivo final desconoce. También está The Kraken, Número dos, el vigilante que colabora con la policía, puede curvar la trayectoria de cualquier objeto que lance y que además puede mantener su respiración por largos períodos. Número tres, o The Rumor, es una actriz y celebridad que puede distorsionar la realidad mintiendo.

Mientras The Seance, o Número cuatro, es un drogadicto extravagante que se puede comunicar con los muertos, Número seis, o The Horror, es el hermano que falleció y que podía convocar monstruos de otras dimensiones desde su piel. A ellos se suman las dos claves de la historia: Número cinco, un niño que se teletransporta y que puede viajar en el tiempo. No solo eso, por décadas estuvo perdido y que retorna atrapado en su cuerpo de niño con una advertencia para Vanya, o Número siete, la hermana sin poderes. Y el aviso es claro: el mundo llegará a su fin en ocho días.

Esa es la base de una historia trepidante que funciona como reloj bajo una sola idea: esta es una carrera contra el tiempo y nada asegura que el apocalipsis pueda ser impedido. En ese andamiaje se vuelve vital el elenco, partiendo por el más valiosos de todos: Aidan Gallagher, el joven que da vida a número cinco y que actúa realmente como un adulto, marcado por su soledad en el post-apocalipsis, atrapado en el cuerpo de un niño.

También destaca Ellen Page, quien hace rato no hacía suyo un rol como el de Vanya, una mujer marcada por las trancas de siempre sentirse menos que sus hermanos poderosos. Y Robert Sheehan, a quien conocimos en la serie Misfits, también es un punto alto en el rol del problemático número cuatro. Por eso no les debe sorprender que el corazón que impulsa a Umbrella Academy son sus personajes, pero no solo sus principales, ya que la historia se la ingenia para agregar actores secundarios que impulsan el relato en sus roles antagónicos.

Por un lado, la historia establece poco a poco una interesante mitología espacio-temporal en el que, al más puro estilo del Ministerio del Tiempo, existe una organización que vela por que la historia no sea modificada. Ahí entran a jugar dos agentes que siguen la pista de 5 y que cargan sus propias mochilas. Por otro lado, la historia también tiene un par de giros ingeniosos, que no siguen al calco al cómic, para presentarnos a un tipo llamado Leonard que oculta tras una apariencia afable objetivos que ponen en riesgo desde adentro a todos los integrantes de la academia.

Esa mezcla de personajes, relaciones, intrigas, misterios y conflictos hace relucir los elementos de ciencia ficción y también de superhéroes que se van entrelazando en una historia que tampoco pierde el norte, ya que así como el apocalipsis, también les importa el corazón destruido de una familia disfuncional que nunca debió haber sido. Quizás por eso las revelaciones, la forma en que el relato se desenvuelve se convierte en algo tan satisfactorio. No solo en favor de la gran historia que hay que sustentar, sino que también para impulsar a los personajes.

La armonía de esos factores convierten a esta adaptación en una sinfonía que funciona, se escucha y se ve bien, sin la necesidad de seguir al cómic al pie de la letra. Más aún, demuestra que el camino que está siguiendo Netflix, de adaptar cómics fuera de los márgenes de Marvel o DC Comics, es algo que les puede dar aún más diversidad a su oferta. Y también les puede servir de contraste a todo lo que están haciendo el resto, ya que Umbrella Academy es una serie de superhéroes que toca teclas comunes y recorre caminos conocidos, pero no se parece en nada a otras series.

Eso es lo que terminará primando y lo que da pie a esperar con ansiedad que confirmen una temporada más, lo que es posible no solo porque hay más tomos del cómic que pueden servir de inspiración, sino que la historia de la serie divergió mucho de la obra original. Por eso puede forjar su propia ruta para establecer su mejor condición: la suma de sus partes la convierten en una experiencia única que tiene como gran guinda de torta a un final de temporada como pocas veces se ha visto.

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Publicado en Mouse