Tiburón (Jaws, 1975) es una de mis películas favoritas. Tiene un ritmo endemoniado y Spielberg muestra toda su experticia, teniendo en contra todos los problemas del tiburón mecánico que propiciaron al ingenio de crear un suspenso tremendo durante la película. La secuencia de los tambores amarillos es el mejor ejemplo. Sin embargo, hablaré de otra. Esta maldita escena es clásica y se viene de choque cuando le hechas un vistazo por primera vez. En esta, el jefe de polícia Brody (Roy Scheider) comienza a lanzar trozos de pescado al mar para atraer al tiburón. De la nada aparecen los colmillos dándole un susto de los mil demonios, al ver tamaña bestia. Mientras camina hacia atrás, Scheider lanza la frase para el bronce… que se le ocurrió en el momento:

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